Con el desempleo en aumento, la inflación en el 10,67% -por encima del techo de la meta oficial- y el consumo en mínimos, la presidenta Dilma Rousseff tuvo que hacer frente en 2015 a un año negro. El desplome del Producto Bruto Interno (PBI) hasta el 3,8%, divulgado ayer por el estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) fue más alarmante que lo esperado por el mercado financiero. Para este año se prevé un desplome del 3,4%. De confirmarse ese pronóstico, Brasil encadenaría dos ejercicios en rojo por primera vez desde 1930.
La expansión registrada durante el último mandato del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, cuando Brasil llegó a crecer un 7,6% en 2010, contrasta con los datos cosechados por su ahijada política, Dilma Rousseff: en 2011 el PBI se amplió un 3,9%; en 2012, un 1,9%; en 2013, un 3%, y un escaso 0,1% en 2014.
De acuerdo con el IBGE, el frenazo del PBI fue provocado por el enfriamiento de prácticamente todos los ámbitos de la economía, del que sólo se salvó la actividad agropecuaria, que creció un 1,8%.
La industria se desplomó un 6,2% a lo largo del año, el sector de los servicios perdió un 2,7%, la construcción se derrumbó un 7,6% y el comercio se retrajo un 8,9%. El consumo de las familias, durante tiempo uno de los motores de la economía nacional, cedió un 4%, lastrado por la pérdida de confianza, la alta inflación, la devaluación del real frente al dólar -que fue del 48,3% en 2015- y las elevadas tasas de interés, situadas en el 14,25%, su mayor nivel en nueve años.
"Este año veremos probablemente una contracción similar. Aún no hay motores de crecimiento. El único podrían ser las exportaciones, pero la economía brasileña es relativamente cerrada, así que no creemos que nos saquen de este agujero", dijo Joao Pedro Ribeiro, economista para América Latina de Nomura Securities.
El pasado diciembre Brasil perdió, además, su grado de inversión después de que las agencias de calificación Fitch y Standard & Poor's -que lo había hecho antes- rebajaran la nota soberana, una decisión que también tomó el mes pasado Moody's.
El Ministerio de Hacienda atribuyó el desplome del PBI a la rebaja del precio de las materias primas, a la crisis hídrica que sufrió el país el pasado año y al plan de "desinversiones" adoptado por la petrolera estatal para los próximos cinco años para generar flujo de caja.
De acuerdo con la cartera, "el Gobierno ha adoptado todas las acciones necesarias para recuperar la economía. En cuanto las medidas produzcan efectos, será posible retomar el crecimiento económico".
En este sentido, el ministerio señaló que el "gran desafío es recuperar la demanda interna" y pronosticó que la situación retomará la senda del crecimiento a partir del cuarto trimestre de este año, después de conseguir estabilizarse durante los tres meses precedentes.
Además, el Ejecutivo de Rousseff achacó en reiteradas ocasiones la mala salud de los principales indicadores macroeconómicos a las turbulencias políticas que atraviesa el país y a la coyuntura internacional (ver pág.16).
Por el contrario, Paulo Skaf, el presidente de la Federación de Industrias de San Pablo (FIESP), el mayor y más influyente gremio empresarial del país, aseveró en un comunicado que "el encogimiento de la economía no puede atribuirse al contexto internacional". En opinión de Skaf, la caída del PBI se debe a "los errores cometidos en las decisiones políticas" y a "un Gobierno caro, pesado e intervencionista que no toma medidas para controlar sus gastos y que desea aumentar todavía más los impuestos".
Y es que, además de la recesión, el Gobierno lidia con unas cuentas públicas deficitarias, que arrojaron en 2015 un saldo negativo de 111.249 millones de reales (unos 28.606 millones de dólares), su peor resultado desde que en 2001 comenzó la actual serie estadística de medición.
Para tratar de alcanzar un superávit primario equivalente al 0,5% del PBI, el Ejecutivo lanzó el año pasado un plan de ajuste fiscal que incluye alzas impositivas y la reducción de los gastos del Gobierno que, según el IBGE, se contrajeron un 1% en 2015. Además, los recortes continúan en 2016, cuando el equipo de Rousseff tiene planeado recortar el gasto público en 5.780 millones de dólares.
Brasil está "replicando la década perdida de 1980 en sólo dos años", dijo en una nota el economista de Goldman Sachs Alberto Ramos, quien agregó que el país está cerca de una franca depresión, considerando que la contracción comenzó hace dos años.
A las dificultades económicas se suma la crisis política que azota a Brasil, cuya presidenta está amenazada con la apertura de un juicio político en el Congreso que puede costarle el cargo.
| Agencias EFE, Reuters y ANSA |


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