No todos avanzan al mismo ritmo

Edición Impresa

Las últimas décadas se han caracterizado por grandes cambios en la geografía económica mundial.

Desde la finalización de la Segunda Guerra a mediados del siglo pasado el mundo se ha encaminado por el sendero del crecimiento económico, caracterizado por el sostenido aumento en la producción global de bienes y servicios. El siglo XX ha sido el siglo con el mayor crecimiento económico registrado, impulsado por importantes avances científicos y tecnológicos que han expandido la producción y contribuido a disminuir la pobreza. Pero no a todas las naciones les ha ido igual, ya que ha existido una creciente diferencia en el comportamiento entre las tradicionales economías avanzadas y las economías emergentes y en desarrollo.

En las últimas décadas del siglo pasado las 39 economías avanzadas representaban nada menos que casi las dos terceras partes del PBI mundial, mientras que las 155 emergentes y en desarrollo apenas representaban algo más de la tercera parte. En la actualidad el mapa mundial económico es bien diferente, ya que las economías emergentes y en desarrollo ya representan el 60 por ciento del PBI mundial, es decir bastante más que la parte correspondiente a las denominadas economías avanzadas.

El motor del firme crecimiento económico ha sido la inversión financiada por el propio ahorro, no como superficialmente sostienen algunos que afirman que el consumo interno es el impulsor del crecimiento. Es cierto, y este ha sido el aporte de Keynes, que el aumento del consumo en una fase cíclica recesiva puede ayudar a salir de una recesión, pero nunca a mantener un crecimiento sostenido. No hay crecimiento sostenido sin ahorro, inversión y aumento de las exportaciones, que son esenciales para un verdadero desarrollo económico.

Los países emergentes y en desarrollo crecen mucho más rápido que las economías avanzadas y vienen invirtiendo desde hace años más que estos países (en la actualidad 33 por ciento del PBI anual versus 22 por ciento). La mayor parte de estas crecientes inversiones han sido generadas por altos niveles de ahorro interno, estimulados por reducidos niveles inflacionarios. Ningún país con alta inflación ha podido crecer de una manera firme y prolongada.

El avance de las nuevas economías en desarrollo, particularmente China e India, se afianza año a año, este año se espera que China crezca casi el triple que los Estados Unidos (6,3 versus 2,3 por ciento). Por su parte, el FMI espera que la India siga creciendo este año mucho más que la Unión Europea (7,3 versus 1,3 por ciento). Señalemos los altos niveles de ahorro en estos dos grandes países asiáticos que financian altos niveles de inversión, es así como la participación de las inversiones en el PBI es en India un 50 por ciento mayor que en Estados Unidos, mientras que en China es el doble. En la actualidad el PBI chino es 28 por ciento mayor al de los Estados Unidos.

El avance de las economías en desarrollo no viene siendo el mismo en todos los continentes, ya que desde hace años es más importante en Asia que en América Latina, por esta razón nuestra región ha venido perdiendo significación mundial en las últimas décadas. Mientras en 1980 representaba 12,1 por ciento del PBI mundial, en la actualidad esta magnitud se redujo considerablemente, ya que apenas llega a 7,4 por ciento.

Pero en América Latina no todos los países han retrocedido en el escenario internacional, la excepción más notable es Chile que aumento su participación en el PBI mundial ya que trepó del 0,29 por ciento al 0,35 en la actualidad. En 1980 nuestro PBI era casi cinco veces mayor al de Chile, en la actualidad es apenas alrededor del doble. El mayor retroceso en la región y en el mundo le corresponde a Venezuela, país que ha retrocedido mas que nosotros en la región.

Nuestro retroceso en el escenario internacional es notable en las últimas décadas, ya que hemos dejado de significar el 1,33 por ciento del PBI mundial en 1980, para disminuir a casi la mitad en 2018 (0,67 por ciento). La recesión prevista para este año reducirá aún más nuestra participación global. Nuestros niveles inflacionarios son tradicionalmente muy elevados, tengamos presente que los países con mayor inflación son lo que menos están creciendo en América Latina, lo mismo ocurre en el resto del mundo. El principal activo de nuestro país siguen siendo los recursos aportados por la naturaleza, claro que con esto no alcanza porque no hemos sabido ni expandir nuestra producción ni avanzar en la industrialización de estos productos primarios.

Uno de los principales desafíos que enfrentara el gobierno que asumirá a fines de este año es retomar el perdido sendero del crecimiento económico, con expansión de las exportaciones y de las inversiones, con abatimiento de nuestra alta inflación y del gran déficit fiscal, alimentado por un excesivo gasto público. Mientras mayores sean las inversiones mayor será el aumento del PBI, reduciendo así el impacto negativo del déficit fiscal, si es que prudentemente no aumenta el gasto público.

Debemos disminuir nuestra creciente pobreza e indigencia, para lo cual será necesario un sostenido crecimiento económico. No será fácil la tarea a encarar, pero con una firme voluntad política fortalecida por el apoyo democráticamente expresado, será posible .

Dejá tu comentario