El Gobierno respiró ayer en Roma tras la audiencia con el Papa. El protagonismo de Peña en ese trámite fue
notorio tanto por su ausencia como por sus declaraciones en Buenos Aires.
La ausencia de Marcos Peña el fin de semana en Roma fue tan evidente y de alguna forma ruidosa, que colocó al jefe de Gabinete como otro protagonista de ese viaje presidencial que él no compartió. Lo supo bien el embajador ante la Santa Sede, Rogelio Pfirter, que trajinó durante meses salones de los palacios apostólicos para que en la visita todo funcionara sin crisis alguna.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
"Él enderezó todo", reconocían ayer en la delegación argentina. En esos mismos conciliábulos se identificó siempre a Marcos Peña y Jaime Durán Barba como las dos figuras que el Vaticano quería lejos para negociar una cumbre que enderezara, aunque sea un poco, los malentendidos de los últimos meses entre Macri y Francisco. En realidad, algo el Gobierno debía ceder y se optó por esta vía.
En el Vaticano se afirma que existió un "gran malestar" el 20 de julio pasado cuando en la agenda oficial Telam informó que el 17 de octubre el Papa recibiría a Macri, fecha que no estaba confirmada. Alimentó también el enojo del pontífice que, tras los desaguisados que terminaron con la audiencia fallida de Margarita Barrientos, la Santa Sede comenzara a detectar actividad inusual en las redes sociales con información sobre el Vaticano. El culpable apareció enseguida en el centro de la escena.
De hecho recién el 12 de agosto ingresó a las oficinas de Francisco la nota oficial de pedido de audiencia de Macri al Papa. Y en ese momento se decidió, como era obvio, que el protocolo sería fijado por el Vaticano y que la reunión sería en el Aula Pablo VI. De hecho Macri se llevó un récord de toda esa movida: inauguró un protocolo para audiencias familiares que no existía.
Mientras todo eso sucedía en Roma, Peña no se mantuvo en silencio en Buenos Aires. En un diálogo con el diario Perfil hizo gala de la más pura estrategia Durán Barba y salió a levantar a Cristina de Kirchner como contrincante en la provincia de Buenos Aires bajándole las chances, como nunca, a otros peronismos no kirchneristas. "Tiene más importancia de la que se le da, y depende mucho de qué van a proponer las otras ofertas peronistas. Hay una cantidad de gente que cree que las cosas están mal con el Gobierno y que les gustaría cambiar para volver al kirchnerismo o para otra cosa", se arriesgó Peña. Pateó el tablero como nunca también en la interna del PRO bonaerense y se hizo oír también en Roma. Además, volvió a elegir, peligrosamente, a Cristina de Kirchner como sparring, aunque más no sea mientras los candidatos se decantan.
Dejá tu comentario