13 de diciembre 2012 - 01:01

Penurias de palestinos dejan sin oxígeno a Abás

Jerusalén - El presidente palestino, Mahmud Abás, regresó triunfante a fines de noviembre de la Asamblea General de Naciones Unidas y fue recibido en Ramala por miles de sus conciudadanos, festejando el reconocimiento del «Estado observador no miembro».

Pero el Estado Palestino que acaba de nacer está en bancarrota. La decisión israelí de confiscar este mes alrededor de u$s 125 millones (480 millones de shekels) del dinero palestino recaudado en concepto de IVA, aduanas e impuestos indirectos, en «castigo» por su reconocimiento en las Naciones Unidas, pone en riesgo a toda la economía de la Autoridad Palestina (AP) o del flamante Estado que Israel no reconoce. La pena, se anunció ayer, durará cuatro meses.

Palestina debe a Israel alrededor de u$s 260 millones, más de la mitad a la compañía eléctrica israelí que le proporciona la gran parte de su energía.

Durante los últimos años se redujo considerablemente la ayuda proporcionada a Ramala por los países árabes y el resto de los países donantes. Estos últimos habían tomado la decisión política de apoyar a la AP de Mahmud Abás para que éste avance en un proceso de paz con Israel que lleve al fin del prolongado conflicto entre ambos pueblos. Muchos en el mundo árabe comienzan a pensar que el jefe palestino es un hombre del pasado, que viene de antes de la revolución de la Plaza Tahrir de El Cairo, y que Hamás, el hermano menor de la Hermandad Musulmana triunfante en Egipto, es el futuro.

La AP emplea a unos 160 mil funcionarios públicos, y al menos 60.000 de ellos están enrolados en sus diversos brazos armados oficiales, la Seguridad Interna y la Policía.

Estas fuerzas de seguridad palestinas cooperan activamente con Israel combatiendo al terrorismo -y, a la vez, combatiendo a sus rivales islamistas-, y la continuidad de esa alianza es un interés fundamental de Netanyahu. Pero aun sin el «castigo» israelí, los empleados estatales palestinos cobran sueldos muy bajos, tarde y, a veces, parcialmente. La AP se vio obligada últimamente a reducir el número de sus patrullas y actividades, debido a la escasez de combustible.

La economía está basada en la agricultura, materiales de construcción que son producto de sus canteras, algo de industria y en incipientes de empresas de hi tech, en muchos casos por iniciativas comunes con compañías israelíes y jordanas.

Palestina importa el 65% de sus insumos de Israel y exporta a éste gran parte de sus productos, aunque durante los últimos seis años sus ventas a Turquía están en constante aumento.

Antes de la primera Intifada que comenzó en 1987, trabajaban en Israel alrededor de 150 mil operarios palestinos, la mayoría en la construcción y la agricultura. Pero dos rebeliones palestinas violentas, la ola de actos de terrorismo y la construcción israelí de la valla de separación llevaron a una drástica reducción del número de palestinos que obtienen permisos de trabajo en Israel. La interrelación económica palestina e israelí es tan profunda como contradictoria. Decenas de miles de operarios palestinos construyen desde hace más de cuarenta años los asentamientos israelíes en las tierras disputadas por ambas naciones, haciendo ingresar a la economía palestina centenares de millones de dólares.

Actualmente, alrededor de 30 mil palestinos tienen permisos de trabajo en su país vecino, pero miles más entran a Israel diariamente a escondidas para trabajar. Aunque, durante los últimos años, los operarios palestinos fueron reemplazados por empleados «importados» de Rumania, China, Tailandia y decenas de miles de africanos que se infiltraron ilegalmente a Israel desde la península egipcia de Sinaí.

Por esas razones y a pesar de un incremento del 9% en la economía de la Ribera Occidental (Cisjordania) durante 2011, la tasa de desempleo asciende al 17% , mientras que en la Franja de Gaza, controlada por Hamás, supera el 40%.

En la Autonomía Palestina estudiaron la posibilidad de acuñar su propia moneda y no hacer uso del shekel con las imágenes de próceres israelíes y letras y números en hebreo, pero la medida simbólica se detuvo ante el evidente peligro de imprimir billetes descontroladamente, sin fondo.

* Especial desde Israel para Ámbito Financiero

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