23 de mayo 2012 - 00:00

Persiste el miedo a flotar (en Brasil ya lo perdieron)

Pese al recalentamiento del mercado informal del dólar, en el Gobierno descartan modificaciones a la política cambiaria. Habrá, en lo que al cambio oficial se refiere, minicorrecciones, en función de cuanto suceda en Brasil principalmente. Pero ayer el real cayó un 2,3% a un nivel que no se veía desde mayo de 2009. Así el dólar clausuró a 2,08 cuando en febrero se operó a 1,70 contra la moneda brasileña. El Banco Central de Brasil abandonó las licitaciones de compra de divisas que efectuaba para contener lo que era el principal problema de la economía, la caída del dólar y ahora se mantiene como espectador. Ahora se dio vuelta en las licitaciones, está del otro lado del mostrador, en el mercado de futuros, para evitar demasiada volatilidad en el tipo de cambio.

En la plaza doméstica, persiste «el miedo a flotar», tal como bautizaron los economistas Guillermo Calvo y Carmen Reinhardt a la postura de varios países de no dejar mover el tipo de cambio pese a no estar bajo un régimen fijo. Sólo se observa desde el BCRA ligeras variaciones en función del nuevo contexto imperante en la plaza local (con las restricciones a la compra de divisas) y la situación europea. En febrero, el dólar en casas de cambio trepó un 0,34%; en marzo, un 0,45% y en abril un 0,9%. En lo que va del mes, un 1,1%. Minicorrecciones. ¿Por qué no se deja flotar al dólar, aunque más no sea como en Brasil? Las explicaciones de Calvo y Reinhardt en su estudio sobre el comportamiento de los países versan sobre la falta de credibilidad, el alta e inmediato traspaso a precios, la existencia de deuda en dólares, entre otros. Como concluyen esos economistas «cuando se trata de política de tipo de cambio, la discreción es lo que domina».

Ahora bien, funcionarios hablan de variadas «discrecionalidades» a la hora de explicar las medidas adoptadas. En primer lugar, la intención es que no se fuguen los dólares que ingresen de la cosecha de soja desde ahora hasta marzo. Una suerte de prisión preventiva al dólar. Sus antecedentes ameritan negarle la excarcelación en todo este proceso. Del otro lado, está la necesidad de acumular esas divisas para los pagos del Boden en agosto y del cupón PBI en diciembre. Guillermo Moreno, por su parte, habla de que hace falta más dureza (y no monetaria, claro).

Ahora bien, como están siendo jugadas las barajas desde el Gobierno y desde el mercado, la clave pasa por cuánto de la suba del «blue» se reflejará en los precios al consumidor. El peor escenario de la actual situación sería que el Gobierno pagara el costo de una devaluación -la suba de precios- y no gozara de los beneficios, aunque sean transitorios, de la mejora en la competitividad. La historia de las brechas cambiarias siempre mostraron un resultado: el piso sube, el techo no baja. La excepción es la Venezuela de Chávez, que convive con esos dos mundos diferentes para el dólar. Localmente, el paralelo tiene un volumen de negocios reducido, al punto que pasar una orden de compra de u$s 100.000 es complicado. Por los férreos controles, se opera cuando se conoce la contraparte. Si no, no hay negocios. Pero ha pasado a ser la única ventanilla de ahorristas. Y la expectativa de quien compra hoy es que no habrá marcha atrás, y que no volverán a aparecer las ventanillas anteriores. Por ello el salto en su cotización a $ 5,92. Son pocos los que se animan a vender aún, salvo necesidad financiera. La realidad indica que si se liberara el tipo de cambio, y de una manera creíble, con una política monetaria y fiscal acorde, el valor estaría bastante por debajo del cierre de ayer del «blue». Pero claro, tienen que operarse esas dos condiciones. ¿Puede mantenerse el actual statu quo con el paralelo en alza y minicorrecciones en el oficial? Desde el BCRA debería haber correcciones en la expansión monetaria por lo pronto.

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