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Perú y Chile dirimen el mar en La Haya con mirada electoral
El litigio fue iniciado por Lima en 2008, cuando demandó una modificación de la frontera marítima que le podría agregar 35.000 km² de mar, hoy en jurisdicción chilena. Mientras Santiago dijo ayer que el límite ya está fijado por los tratados de 1952 y 1954, de los que también es parte Ecuador, Lima alega que son meros acuerdos pesqueros que nada delimitan.
Más allá del resultado -el fallo se conocerá en junio de 2013-, lo único seguro es que en la novela La Haya, con el «nacionalismo» en el rol protagónico, se juegan capítulos importantes de la política interna tanto de Chile como de Perú. Con un agregado: Bolivia, que también lo mira por TV (y con una delegación observadora en La Haya), porque de ese fallo dependerán los próximos pasos en su aspiración a una salida al Pacífico.
En cuanto a aspiraciones, sin duda las presidenciales jugaron y juegan pesado en el tratamiento mediático de la cuestión en Chile y Perú. Fue el Gobierno del expresidente Alan García el que en enero de 2008 presentó la demanda ante la CIJ. Revirtió así el idilio peruano-chileno que venía armonizando con la administración de la entonces presidenta Michelle Bachelet.
Pero el golpe no fue un simple regreso al histórico rosario de rispideces entre Lima y Santiago, sino la consecuencia y la reacción a presiones de la interna política peruana. Sencillo: a principios de 2007, Ollanta Humala (venía de ser derrotado en la segunda vuelta presidencial de 2006 por García) había encabezado una marcha (nacionalista, claro, como su partido) desde Tacna hasta la Línea de la Concordia (latitud sur 18° 21' 08') en la orilla del mar y que Lima considera su último límite fronterizo (en cambio, Chile dice que está en el Hito 1 de la frontera terrestre, en latitud sur 18° 21' 00', apenas 150 metros más al norte). Coordenadas aparte, lo cierto es que aquella marcha del hoy presidente Humala no sólo le aportó rédito en las encuestas, sino que terminó por imponer el tema en la agenda de García. Un par de meses después de la marcha, en marzo de 2008, llegaba a Lima el candidato presidencial por Renovación Nacional, Sebastián Piñera. Era la primera gira al exterior del entonces presidenciable chileno. El candidato propuso «encapsular» el contencioso limítrofe y seguir adelante con el afianzamiento de la relación comercial. Aunque ésa es la política que mantiene desde marzo de 2010, cuando el conservador llegó a La Moneda, en su momento revolvió el avispero dentro de la Concertación. Es que esa propuesta «pacifista» dejaba demasiado radicalizada la estrategia de endurecimiento con el vecino promovida por la alianza de centroizquierda gobernante.
El cuento -o novela- no terminó allí. Piñera decidió darle continuidad a la defensa ante La Haya y ratificó a Alberto Van Klaveren (vicecanciller de Bachelet) al frente del equipo jurídico. Si bien es un reflejo de que en Chile se siguen políticas de Estado, no faltan los que interpretan que también es una jugada 100% política de parte de Piñera. Es que si el CIJ falla contra Chile, seguramente se les recuerde a los ciudadanos que el origen de ese «revés» se remonta a la administración de la socialista. Y que la de Piñera simplemente heredó esa mal barajada causa. La jugada, además, se entreteje con el almanaque de campaña: el fallo se conocerá entre mayo y junio de 2013, en los días previos a las primarias del 30 de junio, en las que hoy por hoy, la candidata favorita es Michelle Bachelet, que disputaría un segundo mandato.
Ni hace falta señalar que el tema de La Haya sella aún más los labios de Bachelet, quien hasta ahora se preserva sorda y muda ante las chicanas políticas. No ocurre así con Piñera, quien el último fin de semana se salió del libreto de «continuidad» y se refirió a «errores en la defensa chilena» (por supuesto, durante la era de su antecesora). Si bien se puede interpretar como un paraguas ante un posible efecto «contagio» después del fallo de hace dos semanas de La Haya, adverso a Colombia en su litigio con Nicaragua, aun un resultado favorable a Perú (como el que vislumbra el analista Patricio Navia) terminaría con el último de los contenciosos entre los vecinos. Ésa es la noticia positiva.


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