Pescetti: por un teatro lúdico, sin bajadas de línea

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"Siento que lo que que va dirigido a chicos está muy intervenido por la ideología, por la intención pedagógica, por la ética. Yo me inclino por lo lúdico", dice Luis Pescetti, compositor de música para chicos que se sigue presentando los sábados de agosto y el 7 de septiembre en ND Ateneo con su nuevo trabajo "Él empezó primero". Los espectáculos de Pescetti se caracterizan por el humor y la espontaneidad en el ida y vuelta que se genera con el púbico; sus canciones encierran cuestiones de la vida cotidiana y atraviesan diferentes géneros. Lo acompaña su banda integrada por Martin Telechansky (guitarras), Martin Rur (clarinete y saxo), Diego Pojomovsky (bajo) y Gabriel Spiller (batería). Dialogamos con Pescetti.

Periodista: En su último disco le canta a las redes sociales, al bebé dentro del útero, al chocolate ¿cómo elige los temas para los chicos y sus padres?

Luis Pescetti:
Es que todo eso pasa en un día común; lo raro es pensar que la vida se presenta en segmentos, la vida es una mezcolanza, por suerte es así. Lo único que hago, en todo caso, es no interferir pensando que a los chicos hay que presentarles capítulos temáticos. Con interferir me refiero a meter ideas en sus vidas. Se puede hacer un show temático pero eso también es una elección, y en mi caso una excepción.

P.: ¿En que sentido habla de esa interferencia?

L.P.:
Lo que que va dirigido a los chicos está muy intervenido por la ideología, por la intención pedagógica, por la ética. En ciertos aspectos está bien que eso ocurra pero, en muchos otros, si se quiere entretener a los chicos se puede hacer algo más lúdico y nada más. Cuando todo el espacio es intervenido falta la confianza en los procesos naturales, en el deseo de curiosidad y de crecimiento con el que venimos de fábrica.

P.: ¿Cuáles son los desafíos de estos tiempos para acercarse a los chicos?

L.P..
Creo que este momento es excepcional, pero todos han sido marcados por distintas circunstancias. Se tiende a pensar "esta época es única", pero todas lo han sido de algún modo. Cuando leía la carta del director de "The Washington Post" a su staff explicando los motivos de la venta, se decía algo así como "Lo que sigue no es historia escrita, no sabemos cómo sigue, es un desafio para todos en este momento bisagra". Lo es y no lo es en sentido único, porque cada época tuvo su desafio. No estamos en el climax de la historia. O acaso lo sea, pero sólo para nosotros.

P.: ¿Cómo percibe a los chicos de hoy en relación a los de hace algunos años?

L.P.:
Los veo con desafíos, con recursos. Hoy los dos padres trabajan mucho afuera, y a la vez los chicos tienen cosas que no tenían, empezando por recursos como salud, alimentación, distribución. En cuanto a los modelos de vida, hay tantas profesiones como no había 40 años antes, cuando era impensable el abanico con el que se puede elegir hoy. Como si fuera un piano al que le faltaban varias notas, y ahora está más completo y permite elegir qué teclas tocar.

P.: ¿Y cómo ve el vínculo entre padres e hijos?

L.P.:
Sería saludable no alienarnos y vivir lo más plenamente posible, lo que en relación a los chicos significa tener buena comunicación, momentos de encuentro, que crezcan sanos y cuidados. Tendemos a sentir que algo no estamos captando de la realidad que nos rodea, por el vértigo con el que vivimos. "Qué no estoy leyendo de mi época, qué se me está escapando", nos decimos. Pero no creo que sea así.

P.. ¿Qué augura de estos chicos que nacieron en la era tecnológica de tablets, redes sociales y teléfonos inteligentes?

L.P.:
Siento que son como señales de alarma que están de más, que nos dejan más perdidos. Cada época tuvo su desafio, nuestros abuelos pasaron por la guerra, y acá estamos. El exceso de pantalla es malo si es lo único a lo que el chico se enfrenta pero también, según el entorno, puede llegar a ser una salvación. Poner límites en esta época tiene que ver con eso, todo está disponible y es gratis. La cuestión es cuánto.

P.: ¿Como evalúa la oferta y calidad de espectáculos y literatura infantil?

L.P.:
Estoy conforme con la literatura y la canción infantil, está muy acorde y a la altura de lo que los chicos viven. Hay tanto disponible que uno puede armarse su videoteca nutrida e incluir desde bailes africanos, un documental de Noruega, la canción francesa o dibujitos rusos. Y esto no dicho como consumo sino como modelos de ver otras culturas. Claro que de grandes seguramente los hijos dirán "Papá no me pasaba este video". El deseo siempre es incompleto.

P.: ¿Que diferencia habrá entre el show que brindó en el Auditorio Belgrano en vacaciones y los ND Ateneo que está presentando?

L.P.:
El público ya tiene el CD, puede oirlo en su casa antes de ir al recital, donde es un hábito pedir canciones, lo que genera un ida y vuelta divertido, también habrá temas de otros discos. La gracia es que estuvieron escuchando en casa y luego lo ven en vivo y se sorprenden porque suena igual, y así sienten que ellos también pueden hacerlo. Me pasa a mi hoy, veo músicos en vivo y pienso "Están ahí, lo hacen igual, no se valieron de 20 sesiones grabadas con interrupciones y retoques posteriores". Ahí está la magia.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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