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Petrodólares, salud y ayuda: claves del triunfo chavista
LOGROS Y CUENTAS PENDIENTES DEL GASTO SOCIAL DE U$S 300.000 MILLONES DESTINADO A «MISIONES BOLIVARIANAS»
Las barriadas pobres de Caracas son un bastión del chavismo. Éste concentró allí su acción social, por caso a través de centros de abastecimiento popular sobre la base de supermercados expropiados a capitales franceses.
«Tengo 23 años, soy supervisor en una empresa de telefonía, estoy afiliado al PSUV, estudio en la Universidad Nueva Profesión y me trato aquí por el asma», dice Israel Rodríguez a esta enviada. Estamos en la sala de espera, pulcrísima, del CDI Amelia Blanco en el vecindario de Santa Rosa, de clase media en el centro de Caracas. «Fíjate», dice, «Chávez me lo dio todo: educación, salud y trabajo», resume.
«Destinamos en catorce años 300.000 millones de dólares a planes y ayuda social», anunció Chávez en plena campaña electoral. Esa millonada incluye, además, alimentos básicos subsidiados en el Mercal (Misión Alimentaria y su clon y seguidora, PDVAL -mercados populares administrados por la magnánima PDVSA-) en los que en los días que abren sus puertas (no siempre) las ventas se hacen racionadas.
«Da trabajo encontrar mercadería, pero ahora podemos ir también a un Bicentenario», dice Margarita Ponte a Ámbito Financiero en referencia a la excadena de supermercados Éxito (de la francesa Casino), expropiada por Chávez hace dos años.
Margarita es una de las damnificadas por los deslaves de 2010 y estrenó hace tres meses uno de los departamentos del Proyecto Integral Santa Rosa construidos por la Gran Misión Vivienda Venezuela, sobre la avenida Libertador, en el centro caraqueño.
La GMVV fue lanzada en 2011, de cara a la última presidencial. En un país cuyo déficit habitacional es de 2,2 millones de viviendas, Chávez prometió construir en dos años, 350.000. A la elección llegó con menos de la mitad; no obstante, igualmente prometió que la GMVV construirá ahora para la clase media.
«Tengo 64 años y Chávez nos entiende», dice esta mujer que trabaja en una Misión Simoncito (jardín de infantes) por un sueldo de 700 bolívares (la mitad del básico) «que a veces ni llega».
Logros aparte, ante tantos baches y fallas de la llamada revolución, ¿por qué entonces Chávez sigue reteniendo su piso electoral intacto?
«Es la primera vez que alguien hace sentir a los pobres que Miraflores se ocupa de ellos», dice a este diario Jesús Seguias, consultor político y director de DatinCorp. «Chávez tiene lo que ningún opositor todavía logró reunir: carisma, liderazgo, conexión con la gente, y hacerla sentir emponderada, partícipe de su propio destino». Eso, en lo que atañe al corazón. «Desde lo práctico, y allí radica su fortaleza frente a otras fuerzas políticas, Chávez delegó en el PSUV y sus punteros barriales el control de la política de las misiones y la distribución de esos recursos», agrega.
Seguias prosigue: «El pueblo no le echa culpa nunca a Chávez». Hábilmente, a través de sus discursos o los programas «Aló, Presidente», supo desmarcarse y transferir los errores a sus ministros y colaboradores.
Por eso, catorce años después, el hechizo sigue intacto.


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