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Picasso y el erotismo japonés en Barcelona
La muestra «Imágenes secretas. Picasso y la estampa erótica japonesa» del Museo Picasso de Barcelona establece un diálogo entre grabados eróticos del artista malagueño y otros autores, japoneses y occidentales.
El núcleo de la muestra está integrado por diecinueve estampas japonesas de los siglos XVII, XVIII y XIX junto con una selección de obras de Picasso. La propuesta plantea un paralelismo con las escenas de temática erótica representadas por el artista malagueño en dibujos y grabados del período 1964-1970.
Si bien varias décadas de su larga existencia Picasso vivió en Francia: desde 1904 hasta su muerte, el 8 de abril de 1973, ni uno solo de esos años dejó de vivirlos como español. Alguien ha dicho, con acierto, que Picasso, fue «inalienablemente español». En la formación de su personalidad incidió la España visceral de Quevedo y de Goya, del barroco Gaudi, del anarquismo catalán.
Genio precoz
Oriundo de Málaga, hijo de un profesor vasco de dibujo y una madre mallorquina de ancestros genoveses, Pablo Ruiz Picasso empezó a pintar a los diez años y expuso por vez primera a los dieciséis (1897), en Barcelona. Poco después, en 1900, viajó a París y quedó allí seducido por las obras de Van Gogh y Toulouse-Lautrec. Cuando regresó en 1901, el marchand Ambroise Vollard presentó una muestra de Picasso en su galería, ya célebre entre los pintores de avanzada. Hubo una tercera visita a París, en 1902, y una cuarta, en 1904, entonces definitiva. Entre 1901 y 1904, bajo la influencia de Toulouse-Lautrec, aunque también desde una originalidad propia que se afianzó, desarrolla el llamado período azul. El tema de estas creaciones: los desheredados, los enfermos, los miserables. Luego, de 1905 a 1906, el período rosa: arlequines, escenas circenses, saltimbanquis. Por fin, el descubrimiento de la escultura ibérica antigua y, sobre todo, de las tallas y máscaras de África y Oceanía, más la revelación de la pintura última de Cézanne, hicieron tomar un nuevo rumbo a Picasso.
Así, en la primavera de 1907, exhibió a sus amigos una tela revolucionaria: «Las muchachas de Aviñón» (calle de Barcelona donde funcionaba un prostíbulo).
Fue el antecedente del cubismo, -una de las grandes rupturas de la mitad inicial del siglo XX-, que Picasso planteó con Georges Braque y ambos desarrollaron entre 1908 y 1916, seguidos principalmente por Juan Gris y Fernand Léger.
Luego, viendo agotado el ciclo cubista y sin abandonar algunas de sus modalidades, Picasso inició un período neoclásico, de fuertes reminiscencias grecolatinas, hacia 1917. Más tarde, entre 1926 y 1935, se acercó al surrealismo: se libró a las descargas de su inocencia y produjo esas figuras fantásticas, esquemáticas, absurdas, gozosas, tan ajenas al dogma surrealista.
La Guerra de España lo sacó de la introspección surrealista para llevarlo al expresionismo, del que brinda testimonio mayor «Guernica» (1937), vasta composición en blanco y negro.
En esa tela de grandes dimensiones (3,5 x 7,8 m), sobre el arrasamiento de la histórica ciudad vasca por la aviación nazi, tradujo en imágenes de Apocalipsis los horrores de toda contienda, lo hizo utilizando, con hondura y audacia, tan sólo formas y contrastes de luz y sombras, valores exclusivamente pictóricos.
Alegorías
La Segunda Guerra Mundial y la de Corea suscitaron en Picasso -afiliado, en 1944, al Partido Comunista francés- nuevas alegorías expresionistas, entre ellas, «El osario» (1945), y «Matanza en Corea» (1951), así como las dos enormes pinturas «Guerra y Paz» (ambas, de 1952). Con posterioridad (1955-61), realizó varias series de óleos extraordinariamente inventivos, en los cuales tomó por modelos obras de artistas del pasado: entre otros, Delacroix, Monet, Velázquez.
La colección del Museu Picasso de Barcelona, centro que testimonia los fuertes vínculos del artista con esa ciudad, está integrada por piezas de distintas etapas del artista y la magnífica serie de Las Meninas, una singular interpretación que realizó Picasso de la obra de Velázquez.
Más adelante, se centró en la temática del pintor y la modelo y en la del erotismo. Esta última dio origen a centenares de grabados de gran maestría, hechos en la última década de su vida y hasta el mismo día de su muerte en Mougins, al Norte de Cannes, cerca del Mediterráneo.
Influencia
La exposición «Imágenes secretas», con grabados de Picasso junto con una selección de otros artistas, permite valorar la difusión del arte japonés en Europa. En el primer sector de la muestra donde se explica la influencia del arte japonés en artistas europeos de la época, se destaca el grabado «Buceadora y el pulpo», de Katsushika Hokusaki, cuya versión de Picasso es de 1903.
La obra de Picasso está imbuida de sensualidad, sin embargo, son dos las etapas en las que trabajó especialmente temas eróticos, en sus comienzos (1900-1908) y hacia el final (1964-1972). En esas escenas fue fundamental la difusión del arte japonés en Europa.
A través del tiempo, los grabados eróticos japoneses se han conocido bajo diferentes nombres: shunga, makura-e, warai-e. Uno de estos términos fue también el de higa, que significa «imágenes secretas», concepto que da título a la exposición.
Con la intención de establecer un diálogo sugerente, el Museo de Barcelona presenta grabados eróticos de Picasso y obras de diferentes autores, japoneses y occidentales, que aproximan al fenómeno de la influencia del arte japonés en Europa y ponen de manifiesto cuáles fueron los vínculos entre este arte y la obra picassiana.

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