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PJ bonaerense se amotina para bloquear desembarco de Moyano
Néstor Kirchner, Daniel Scioli, Hugo Moyano, Alberto Balestrini
-Pero, Julio. Yo ya no tengo nada que ver. Ese tema lo maneja Pablito. Que hable con él.
La dualidad en que se escuda Hugo Moyano, y que refleja la anécdota, es uno -entre varios- de los elementos que alimenta la resistencia de los caciques del conurbano y que forma parte de la cruzada para bloquear el desembarco del camionero en la jefatura del PJ bonaerense.
El diálogo entre el jefe de la CGT y Julio De Vido -a quien recurrió un jefe comunal para que oficie de mediador con el gremio de Camioneros- lleva al extremo, además, la desconfianza hacia Moyano. Nadie, claro está, cree que las avanzadas de «Pablito» (Moyano) sean reacciones autónomas y silvestres.
Pero, sobre todo, ilustra la voracidad del camionero y lo que, entre los intendentes, traducen como «falta de códigos». Entrevén, a partir de ahí, el «peligro» que significaría que Moyano se siente en la butaca mayor del PJ de Buenos Aires de cara a la próxima elección.
El mensaje ya le llegó a Néstor Kirchner. Retumbó, también, en el despacho de Daniel Scioli. Entre la dirigencia bonaerense es genérico y masivo el rechazo a Moyano. ¿Cómo confiar en un dirigente que planea lanzarse, así sea de manera simbólica, como candidato a gobernador?
El efecto inmediato de esa aventura (meramente proclamativa) es la irrupción de armados sindicales en los distritos. Celosos de los territorios, los jerarcas del PJ toman esos movimientos como desafíos incipientes que derivarán, advierten, en batallas locales.
Con Moyano maniobrando el consejo del PJ -es vice primero y queda a cargo ante la ausencia de Alberto Balestrini-, ese riesgo se multiplica. Hasta ahora, cada vez que quiso ubicar candidatos propios, tuvo que mediar Kirchner. Ahora, encima con el acuerdo entre el matrimonio y el camionero, esa influencia en las listas sería mayor.
La incertidumbre sobre el futuro de Balestrini, que registró algunas mejoras en los últimos días, obligó al cacicazgo bonaerense a diseñar escenarios para evitar un desembarco, al menos con poderes plenos, de Moyano en el peronismo.
La reacción, ahora generalizada, coincide con otros movimientos. Uno de ellos está cruzado por la euforia: en las mediciones de la semana pasada, Daniel Scioli asomó, por primera vez desde la elección del 28 de junio, como el candidato a gobernador con más intención de voto.
Hasta hace 10 días -según los datos que revisan sistemáticamente en La Plata- siempre encabezaba Francisco de Narváez pero, por primera vez en once meses, Scioli superó por algo más de dos puntos al diputado. Está, todavía, dentro del error muestral pero, aun así, el PJ lo celebró como un renacimiento.
En la misma línea, quizá demasiado prematuras, asoman otras tendencias: por caso, la aparición de grupos, como el Peronismo 2020, que buscan posicionar figuras para la otra batalla que se avecina en el PJ: el eventual segundo lugar en la fórmula que pretenden que encabece Scioli por la reelección.
Este último detalle, que parece obvio, tiene íntima relación con el expediente Moyano. El operativo para bloquear o limitar al camionero tiene como lógica mayor concentrar el esfuerzo en la provincia con el objetivo prioritario de preservar Buenos Aires para el PJ.
Por esa razón, se expande el criterio de que lo mejor es que Scioli se quede en la provincia a pesar de las versiones, ahora menos insistentes, de instalarlo como candidato a presidente. La traducción es simple: al peronismo bonaerense sólo le importa ganar en la provincia.
¿Implica eso dejar a Kirchner a su suerte con la postulación presidencial? No, pero supone que, a la hora de elegir, los bonaerenses saben que podrían resistir un período con un presidente no PJ -ocurrió con De la Rúa-, pero difícilmente sobrevivan a un gobernador de otro partido.
La condición de Scioli candidato oficial podrá servir, además, como argumento para cercenar las pretensiones expansionistas de Moyano. No ocurrirá en lo inmediato, pero el gobernador aparecerá, en poco tiempo, como convocante de una reunión del consejo del PJ.
Oficiará, de ese modo, como «conductor» de la transición ante la resistencia de la comandancia del PJ a la aparición de Moyano.


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