1 de abril 2014 - 00:29

PJ: sobre equilibrio y lo antitransversal

• Todo listo para reactivar Consejo.
• La futura conducción.

Los Oktubres, ayer en el Patio de las Palmeras, en Casa Rosada, antes de firmar  manifiesto  hipercristinista  de respaldo al candidato que elija la Presidente para 2015 y además impulsar uno propio para la provincia.
Los Oktubres, ayer en el Patio de las Palmeras, en Casa Rosada, antes de firmar manifiesto hipercristinista de respaldo al candidato que elija la Presidente para 2015 y además impulsar uno propio para la provincia.
Eduardo Fellner, el futuro jefe del PJ nacional, además de gobernador neutral que no entró en la batalla por 2015, es portador de otro elemento que le suma un valor emblemático a su entronización: en su provincia, Jujuy, padece como pocos la intrusión transversal: Milagro Sala, protegida de Carlos Zannini, apañada por La Cámpora, gestiona planes y programas nacionales al margen del Gobierno provincial.

Sala, con su Tupac Amaru, combate a Fellner y al PJ política y electoralmente. Aunque no había una oferta demasiado amplia -el otro que se analizó fue José Luis Gioja, pero por su salud pidió que lo excusen de esa tarea-, la proclamación del jujeño, que ya opera como jefe ad hoc, tiene el rasgo adicional de una ultraperonización y un mensaje visible y expreso contra la transversalidad.

El jueves, a pesar de que el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, avisó que quizá no llegue -porque hablará a los diputados-, unos 70 consejeros del PJ nacional se reunirá en la sede partidaria de la calle Matheu con el único formal de convocar al Congreso del 9 de mayo donde primero se renovará la Carta Orgánica para volver al régimen de elección indirecta de las autoridades partidarias y, de inmediato, las manos al aire para votar a la nueva cúpula del partido que se conocerá ahí mismo.

La boleta

El armado de esa boleta única, sin trámite electoral formal como el simulacro que llevó a Néstor Kirchner a la cima del PJ en 2008, es la que empezó a bosquejarse a partir de un equilibrio sutil y frágil. A saber:

• El factor central será que la cúpula expresará al poder territorial sobre un viejo concepto partidario que reza que el PJ nacional son los gobernadores así como los peronismos provinciales son los intendentes.

La cuestión, en ese punto, es que muchos gobernadores son candidatos presidenciales por lo que ese elemento debe, a la vez, ponerse en la mesa para evitar que un postulante pueda manejar el PJ en desmedro de los demás. Cuando eso ocurrió, el peronismo se rompió y paralizó: los duelos Menem-Duhalde y el posterior Kirchner-Duhalde sirven como antecedente. Una hipótesis es que todos los candidatos declarados -Daniel Scioli, Sergio Urribarri y Juan Manuel Urtubey, más otros posibles como Jorge Capitanich- se repartan las numerosas vices del partido.

• Otro elemento es que el mando actual del partido se elige en el fin del mandato, sin reelección, de Cristina de Kirchner. Es decir: esta cúpula, al menos teóricamente, sobrevivirá a este Gobierno. La sorpresiva aparición de Carlos Zannini en la cena de gobernadores en Remonta 10 días atrás se puede leer, también, en esa clave: un acercamiento, aunque sea el menos peronista de los ministros cristinista, para coordinar ese trámite.

A su vez, aparece el componente ligado a la dispersión gremial que en su momento, Kirchner amontonó en paralelo a la conformación de una sola CGT. Ahora hay tres versiones de gremialismo peronista y sólo uno, y con reservas, reporta a la Casa Rosada. La idea de apertura no parece funcionar en ese caso: a fin del año pasado, Fernando Espinoza como candidato a jefe del PJ bonaerense, sondeó a Hugo Moyano para que regrese al partido y se topó con un no repleto de ironías.

• Por último está la cuestión de la inclusión de sectores alejados, o directamente enfrentados, con la Casa Rosada. El paradigma Daniel Peralta, que firmó una tregua con los Kirchner como un compromiso futuro para no perder la provincia ante la UCR, habilitó otras negociaciones como la que Gioja llevó adelante con José Manuel de la Sota y el puntano Claudio Poggi. Estos dos casos están, ahora, en veremos por no decir perdidos, aunque con lo de San Luis hay que mirar la interna familiar entre Adolfo y Alberto Rodríguez Saá. La reincorporación de gobernadores anti-K abría la puerta para convocar a otros sectores como Juan Carlos Romero en Salta o Carlos Verna en La Pampa, este último cercano a Sergio Massa. Es una emulación de la que hizo Kirchner en 2008 cuando hasta se sentó en Olivos con Roberto Lavagna. Pero no parece, a priori, la voluntad de la Casa Rosada, y eso leen los díscolos como De la Sota, que entendieron la aparición de Zannini como un gesto de belicosidad más que de acercamiento.

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