- ámbito
- Edición Impresa
PJ inquieto: contracumbre preventiva de los no K
Alberto Pérez, José «Pepe» Pampuro, Osvaldo «Vasco» Goicochea
Un almuerzo ayer en Puerto Madero coronó, en un mismo movimiento, los dos conceptos. Sciolistas, massistas y moyanistas montaron una cumbre preventiva en la que juntaron unos 20 consejeros del PJ provincial, como silencioso mensaje para los K.
La mixtura, número más número menos, redondea la mitad del Consejo partidario bonaerense y se produce 10 días después del encuentro que en Tres de Febrero despabiló al peronismo de Buenos Aires, dormido desde mayo de 2011, y lo convocó para el 7D.
En aquella cita, con Hugo Curto como anfitrión, estuvieron La Cámpora, el randazzismo, el bloque de intendentes que reporta a Olivos y el sector que comanda Julián Domínguez pero excluyó a La Juan Domingo, al sector de Sergio Massa y al malón sindical.
Sólo Cristina Álvarez Rodríguez, ministra sciolista, estuvo en las dos tenidas: en Tres de Febrero, como única delegada del gobernador, y ayer en el almuerzo de los delegados peronistas que, genéricamente, pueden englobarse en la categoría «no positiva» de ser «no K».
Es, en principio, un movimiento defensivo, un aviso al conglomerado K de que enfrente se cuadra un pelotón de consejeros con criterio -parcialmente- unificado que podría reaccionar en caso de que desde la Casa Rosada intenten alguna picardía.
No hay mensaje subliminal. La idea de crear una comisión de acción política (CAP), similar a la que se conformó en el PJ nacional para conducir la transición puso en alerta a sciolistas y massistas, y sumó además al bloque moyanista.
Decididos a mostrar los dientes, pero como recurso para no tener que morder, el scrum no K juntó número para, de mínima, partir el Consejo lo que podría desatar una crisis política declarada entre el cristinismo y las distintas tribus bonaerenses que no son de paladar K.
Compartieron mesa y charlas los ministros sciolistas Álvarez Rodríguez y Alberto Pérez, los juandominguistas Baldomero «Cacho» Álvarez, Isidoro Laso y Osvaldo «Vasco» Goicochea; el massista Juan Amondarain, el intendente Luis Acuña y los moyanistas Abel Frutos y Omar Plaini.
La ristra se completó con José «Pepe» Pampuro, Hugo Corvatta, Carlos Cottini, Adriana Meckievi, Mabel Müller y Miguel Santellán, además de Eduardo Camaño, funcionario y operador sciolista, pero sin presencia en el partido, y Federico Scarabino, uno de los tres apoderados que tiene el PJ.
Ausentes, pero con pertenencia a ese núcleo, se cuentan a Malena Galmarini, esposa de Massa, a los moyanistas Jorge Mancini y Miryam Lomonaco, y a Patricia Capparelli, reemplazo del fallecido Carlos Mosse.
El tránsito normal, sin estridencias, consistiría en coronar a Álvarez Rodríguez, tercera en la línea de sucesión, al frente del partido, tras el ACV de Alberto Balestrini y la renuncia de Moyano que será aceptada aunque es probable que se dé marcha atrás con las dimisiones de sus consejeros.
Ese capítulo puede detonar un conflicto. La sugerencia de los cumbristas de ayer es que se acepte que Plaini, Mancini, Frutos y Lomonaco «retiren» sus renuncias, pero para eso debería existir la voluntad expresa del Consejo para permitirle que lo hagan.
El otro punto es la convocatoria al Congreso del PJ para el 14 de diciembre, en Tres de Febrero, donde se unificará con el calendario del Consejo nacional la elección de autoridades para el 31 de marzo, fecha que en la galaxia peronista se sospecha ficticia.
A pesar de que no se trata de una proyección lineal, que el contingente sciolista-massista-moyanista reúna a la mitad del Consejo provincial sugiere que el número podría replicarse a la hora de contar la cantidad de congresales que tiene cada sector.
La paridad, real o simulada, aparece como la presunta garantía del statu quo, el blindaje más efectivo para que no haya mandobles aventureros. Al menos no más que el de delegar en el Consejo la facultad para sellar alianzas y avalar listas para la legislativa que viene.
Delegarlo, justamente, en la cúpula peronista que ayer quedó dividida explícitamente en mitades K y no K, que entrenan para la guerra en busca de una paz al menos estival.


Dejá tu comentario