- ámbito
- Edición Impresa
PJ instintivo: en la crisis se divide para subsistir

El ex presidente, que enfrenta la próxima elección como un round defensivo, se esperanza con el concepto del panperonismo según el cual, más allá de siglas y acuerdos, los dirigentes del PJ terminan bajo el paraguas partidario. Pertenencia o supervivencia.
Con su viaje a Catamarca, horas antes de la derrota, Kirchner quiso avisar a los caudillos del peronismo que él encarna al PJ y que, por su condición de portador de la marca partidaria, está dispuesto incluso a soportar una alianza dañosa y perdidosa con Barrionuevo y Saadi.
«¿Qué quieren que hagamos? ¿Que vayamos donde ganamos y no vayamos donde perdemos?» trasmitió, como vocero dominical, la pauta del patagónico el ministro Florencio Randazzo. Traducción: el regreso al PJ, supone volver a todo el peronismo.
El 10 de diciembre, el oficialismo pone en juego 23 diputados nacionales por Buenos Aires. En la Legislatura de la provincia, en tanto, arriesga 34 bancas. En el Senado bonaerense, se quedan sin fueros 17 legisladores que llevan el sello del peronismo.
Dos ventanillas
Para retener esa cantidad de bancas, el oficialismo tendría que obtener más del 60% de los votos. Imposible. La razón es simple. En 2005, fecha en que se eligieron los legisladores a los que se les vence el mandato, entraron por dos ventanillas: el FpV y el PJ.
Por entonces, el FpV detrás de Kirchner se quedó con 18 bancas nacionales mientras que el PJ oficial que ordenaba Eduardo Duhalde capturó 6. Por una tercera vía, indirecta -el PAUFE-, entraron otros dos peronistas: el gremialista Dante Camaño y Adriana Tomaz.
Lo mismo ocurrió a nivel provincial. Un ejemplo: en la Tercera Sección (conurbano sur) el FpV/PJ se quedó con 14 de las 18 bancas en juego. Otro caso: en la Primera, zonas oeste y norte, la doble ventanilla le permitió al peronismo quedarse con los ocho senadores.
Áspero, el kirchnerismo cuestiona la salida de los 10 diputados del FpV que armaron Unión Peronista, mandados por Osvaldo Mércuri, con un argumento lineal: salvo Mario Cura, los demás se quedan sin banca en diciembre y, además, no tienen chances de reelección por el espacio K.
Más pragmático, Kirchner se aferra a la ilusión que los peronistas que entren por otras boletas, el hipotético «día después» podrán regresar a su «espacio natural».
Sobran ejemplos: a horas de la elección de 2005, el peronismo que había jugado con Duhalde -diputados e intendentes- inició un peregrinaje hacia la Casa Rosada que se coronó oficialmente en un acto en Berazategui, en febrero de 2006, con un abrazo de Kirchner y Alfredo Atanasof.
Hubo excepciones: una fue Francisco de Narváez; otra, con vaivenes, Jorge Villaverde.
Ahora Atanasof, luego de unos meses de ser funcionario de Daniel Scioli, se convirtió en jefe de campaña de Francisco de Narváez, como parte de la táctica global que digita Eduardo Duhalde. «Si ya volvieron una vez ¿por qué no van a volver otra?» dicen, mañosos, los kirchneristas.
Especulación
Aparece, como siempre, la nunca escrita verdad 21 del peronismo: «Correr en auxilio de los vencedores». Cerca de Kirchner se especula con ese fenómeno: que un resultado no del todo dramático, convertirá otra vez a Olivos en la meca única del peronismo.
Apuesta Kirchner al déjà vu. Así como pasó en 2005 había ocurrido antes en 2003 cuando el frepobo de Aldo Rico colocó 5 diputados nacionales. La prueba de ADN permite, además, mirar 2007: en Unión PRO hubo más de un candidato de clara identificación con el PJ. Dos casos: «Juanjo» Alvarez y Julio Ledesma.
Más atrás, en un antecedente de la batalla de 2005 entre Kirchner y Duhalde, en 1985 Antonio Cafiero encabezó una renovación que dividió a un peronismo perdidoso a pesar de lo cual, por dos boletas, se quedó con 15 diputados nacionales.


Dejá tu comentario