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PJ playa: Massa-Urtubey, pilotos de avenida ancha
CUMBRE EN PINAMAR. LO SUBEN A BOSSIO. SCIOLI SE BAJÓ. DAVOS, FOTOS Y RECELOS
Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, Diego Bossio y Daniel Scioli
El tercer comensal, Diego Bossio, no tiene CV anterior al kirchnerismo. Fue Cristina quien lo sentó en la cima de la ANSES y, cuenta una leyenda, Néstor Kirchner lo puso en la cúpula de La Cámpora -uno de esos secretos periféricos que guarda "Paco" Larcher- pero, después, por misteriosas razones no volvieron a llamarlo. Con el tiempo, se volvió un ferviente anticamporista y en la campaña del balotaje integró el staff de Daniel Scioli y fue el promotor más feroz para que el candidato se desmarque de Cristina.
Hoy, en Pinamar, Bossio se convertirá en el primer diputado y exfuncionario K que anima una velada anti-Cristina junto a Massa y Urtubey, dos pilotos de la ancha avenida del peronismo que promueve una convivencia amigable con Macri. Lo intrigante es que esa sentada surgió la semana pasada como un póker triple entre Urtubey y Scioli, con Bossio como RR.PP. y anfitrión, pero evolucionó a una foto de Massa con el salteño y el ex ANSES, que tras la cena empezará a transitar hacia la conformación de un subbloque en el FpV de Diputados.
El ingreso de Massa explica la salida de Scioli, que ayer anticipó que no irá. El tigrense le ganó, esta semana, dos pulseadas y lo desplazó de dos casilleros: primero se quedó con el ticket rumbo a Davos junto a Macri y ahora le arrebata el protagonismo en la juntada del PJ playa, el más poderoso gesto del peronismo Macri friendly. En la tertulia, claro está, no todos arriesgan ni ganan lo mismo.
•Massa, casi un gobernador bis de María Eugenia Vidal y garante del quórum que Macri necesita en Diputados, terminó de sellar con su invitación a Davos un perfil que a simple vista parece luminoso pero, a mediano plazo, puede volverse turbio. Ayer este diario contó que en el PJ circula la hipótesis de que Massa podría avanzar un paso más y convertirse en jefe de Gabinete de Macri, chance que el tigrense no niega porque sabe que todo episodio que lo mantenga en el centro de la escena lo favorece.
•En este turno, frente a su macrización, para Massa es oro puro una foto con Urtubey y el ex K Bossio, porque lo corre hacia el centro, lo peroniza y lo distancia, siquiera por un rato, de la órbita gravitacional que ejerce el poder de Macri. A los suyos, Massa les anticipó en noviembre pasado que en 2017 será candidato a senador nacional y que, a mitad de este año, saldría a hacer campaña. Pero su universo electoral es tan vasto como difuso: el grueso de sus votantes fueron a Macri en el balotaje pero tienen, a su vez, un compomente peronista. ¿Dónde debe, entonces, ir a buscar votantes el año que viene? Si a Macri le va bien o regular, posiblemente sea más atractivo respaldar a Cambiemos que ir al FR; si a Macri le va mal, pueden facturarle su incipiente cercanía.
•Sea como fuere, Massa, como otros peronistas no K -entre ellos Urtubey como emblema- entienden que la dispersión en tres tribus (kirchnerismo residual, antikirchnerismo, massismo) es el sueño húmedo del PRO para su primera elección intermedia. A Urtubey, en tanto, la foto le da visibilidad -algo que no terminó de construir-, lo consolida como peronista "civilizado" y juego en la provincia de Buenos Aires, esa tierra que desea y debe colonizar cualquier peronista que quiera llegar a presidente.
•"Daniel se lo pierde", dijo anoche un peronista que motorizó la cumbre y la definió como el primer paso de una ronda larga y grande de charlas que incluirán, en turnos posteriores, a José Manuel de la Sota y Mario Das Neves, entre otros caciques del PJ que se desmarcaron de los K. Scioli rehuyó el encuentro, se sintió traicionado mientras se obstina en mostrarse, en público y en privado, alineado con Cristina de Kirchner, mientras recita el poema de un "peronismo unido con el kirchnerismo dentro".
•La poesía unionista de Scioli suena poco seductora para la mayoría y, para algunos, resulta francamente incomprensible luego del destrato que el expresidencial sufrió de Cristina y de La Cámpora antes y después de convertirse en la oferta única del FpV para competir por la Casa Rosada. La humorada mordaz más sonada es hablar de "síndrome de Estocolmo". Scioli supone (o sabe) que si Cristina baja en 2017 a ser senadora por Buenos Aires puede validarse como candidata poderosa y atractiva, en cuyo caso su negocio sería encabezar la boleta de diputados.
•Massa se siente fatalmente atraído por esa alternativa porque podría dibujar un escenario donde la disputa no sea contra Macri, sino entre Massa y Cristina, una interna peronista en la general como fue la de Chiche Duhalde contra la ahora expresidente en 2005, en la que se resuelva la jefatura del peronismo. Un tráfico político incómodo para Macri porque pondría la discusión del poder en otro lado, en otro partido, en un campamento que cuando ordena sus cuitas domésticas va por el premio mayor.
•Bossio parece, en este show, mostrar un inédito perfil de osadía y es la prueba contundente de la destreza de Massa para susurrar magias en oídos desprevenidos. El tandilense se quedó con ganas de disputar la gobernación, de donde se bajó (porque, como Reutemann, vio o le dijeron algo que no le gustó), y se imagina a sí mismo como una cara de lo que viene, al igual que caciques como Martín Insaurralde y Fernando Gray.


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