21 de abril 2022 - 00:00

Plenitud cinéfila con la apertura antenoche del Bafici presencial

“Pequeña flor”, de Santiago Mitre, fue la película inaugural en el Cultural San Martín y el Monumental.

Pequeña Flor. El extraño nuevo film del director de “El estudiante”.

Pequeña Flor. El extraño nuevo film del director de “El estudiante”.

Con natural entusiasmo, y con una leve desorganización que no debería naturalizarse, el Bafici ha vuelto a la deseada presencialidad. Tanto entusiasmo que, para su inauguración, tuvo que disponer dos sedes, en el Cultural San Martín y en una sala del viejo Monumental, ahora convertido en multiplex. En la época de oro se lo llamaba La Catedral del Cine Argentino. Ahí se daban los mayores estrenos, por ejemplo “Los martes orquídeas”. Ahí, ahora, casi en simultáneo con la otra sala, se dio la pieza inaugural, “Pequeña flor”, de Santiago Mitre. Película que cosechó pocos aplausos, pero puede ser de mucho interés para psicoanalistas y psicoanalizados, ya que permite algunas interpretaciones bastante útiles para las agendas actuales. Además, Melvin Poupaud y Sergi López cumplen graciosas caracterizaciones, acaso como dos partes contrapuestas del inconsciente de un sujeto inconsciente, y hay buena música, con el resucitado Hervé Vilard y una linda grabación del tema de Sidney Bechet “Petite fleur”, un tema hermoso que acá arruinaron los Cinco Latinos.

Este año, la Competencia Internacional empezó pisando fuerte, al menos para su público más específico, y específicamente godardista, con una obra coprotagonizada por Jean-Luc Godard en persona, carteándose vía e-mail con el escritor y cineasta Ebrahim Golestan. Uno desde su chalecito de Rolle, Suiza, y otro desde su casona en el Mid Sussex, Gran Bretaña. En su momento, cada cual brilló y provocó cambios y discusiones, uno en la Francia de finales del gaullismo y otro en el Irán del riquísimo y decadente imperio anterior a los ayatollah. Pero de esto hace ya 50 años largos. Hoy son dos nonagenarios, aunque todavía memoriosos, de mente lúcida, medio maliciosa. Por supuesto, ser viejos no significa que sean enteramente sabios, ni que sólo abran la boca para decir cosas inteligentes y valiosas, pero igual se aprende, y algo se disfruta.

La obra se titula “A vendredi, Robinson”, hasta el viernes, Robinson, y lleva la firma de Mitra Farahani, que ya había ganado el Bafici 2014 con otro documental sobre un viejo artista, “Fifi Howls of Happiness”, Fifi aúlla de felicidad, que acá se estrenó después como “El Picasso de Persia”. Se trataba del artista plástico Bahman Mohassess, exiliado en París. También Golestan vive exiliado, tras haber hecho sus buenos aportes para modernizar la literatura persa y exponer con nuevas formas a través del cine las falencias de la sociedad iraní. Cuando se fue, lo odiaban tanto los monárquicos como los revolucionarios.

La primera jornada de la Internacional se completó ayer con la pretendida sátira alemana de título francés “L’Etat et moi”, de Max Linz, y un singular, lateral y experimental acercamiento a la trágica figura de la actriz porteña Fanny Navarro, “Fanny camina”, de Alfredo Arias e Ignacio Masllorens, película que en octubre pasado ganó el Premio del Público en Biarritz, y sobre la que corresponderá hablar in extenso en ocasión de su estreno. Para conocer mejor a esa hermosa y desgraciada artista, se recomienda el libro “Fanny Navarro, un melodrama argentino”, de dos grandes historiadores de nuestro cine, César Maranghello y Andrés Insaurralde. Para conocer mejor al polifacético teatrista, regisseur, cineasta y cavalier de la Ordre des Arts et des Lettres que codirigió este film, el Bafici también programó, en una sección paralela, “Alfredo Arias, el hombre de las mil y una cabezas”, de Alejandro Martín Arias. Y para saber si son parientes, habrá que ver la película.

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