7 de noviembre 2012 - 00:00

Podrá cambiar muy poco

Podrá cambiar muy poco
Al escribir estas líneas no sabíamos si Barack Obama o Mitt Romney era el nuevo presidente de los EE.UU, ni cómo se repartieron las fuerzas en el Congreso (aún más importante).

En los últimos comentarios evitamos hacer referencias a la contienda, respetando la opinión de los lectores sobre los candidatos. Tal vez la mejor síntesis de lo que fue esta campaña lo resumió Barack Obama cuando el viernes le espetó a sus seguidores «votar es la mejor venganza».

Tal vez «ser feliz es la mejor venganza» (¿contra quién?), pero «votar» es una fiesta, es una acto de amor por la patria y nunca un mecanismo para vengarse del que piensa distinto. Éste ha sido, lamentablemente, el aspecto más negativo de la gestión Obama -y de los neofascismos latinos- la creciente división del país y sus habitantes por cuestiones políticas, raciales, religiosas, etc., que afecta tanto a los demócratas, como a republicanos e independientes (el resultado es la campaña política más costosa en la historia de la humanidad).

Más allá del 1,02 por ciento que ganó el Dow al cerrar en 13.245,68 puntos, la verdad es que el peso de la realidad y los problemas es tan grande que el ganador más que festejar, debería pensar si no fue el perdedor.

Sea Obama o Romney, lo que pase en los próximos días/meses/años no será muy diferente, de no terminar con los enfrentamientos. El 1 de enero sobreviene el «precipicio fiscal», al dispararse una serie de recortes de gastos estatales y subas de impuestos de manera automática, que pondrán en juego la débil recuperación económica (del país y -según el G-20 y el FMI- del mundo).

Esto sólo podrá salvarse con un Congreso unido, que actúe «para la gente». Si no lo logran, el costo será mucho más que el AAA que perderían los EE.UU.

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