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Polemizan por uso de un escáner que “desviste” a los pasajeros
En medio de un debate caliente sobre la defensa antiterrorista, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, afirmó que el fallido atentado contra un avión el día de Navidad fue «una mezcla de errores humanos y sistémicos que contribuyeron a esta potencialmente catastrófica brecha de seguridad». «Tenemos que aprender de este episodio y actuar rápidamente para arreglar los fallos en nuestro sistema, porque nuestra seguridad y vidas están en juego». En ese contexto, se barajaba la posibilidad de instalar máquinas capaces de escanear el cuerpo completo de los viajeros, cuya utilización habría evitado el ataque frustrado.
Un empleado del aeropuerto de Schiphol, en Holanda, posa en uno de los escáneres de la polémica que logran «desvestir» al pasajero inspeccionado. La utilización de estas máquinas ayudaría a detectar a terroristas como el nigeriano Abdulmutallab, que llevó los explosivos adheridos a su ropa interior.
Uno de los elementos centrales en la nueva estrategia de seguridad es la instalación en los aeropuertos de máquinas capaces de escanear el cuerpo completo de los viajeros, una iniciativa que había partido de la anterior Administración tras los atentados del 11 de setiembre de 2001, pero que fue frenada por la oposición de los activistas.
Para Jay Stanley, miembro de la Unión de Libertades Civiles, la imagen de la anatomía que ofrecen estas máquinas, capaces de ver por debajo de la ropa, como en los rayos X, suponen una clara invasión a la privacidad y no deben de ser utilizadas de forma generali-zada.
Según el Centro para la Legislación sobre el Terrorismo, con sede en California, el Gobierno debe centrar su lucha contra el terrorismo en la prevención y no en localizar las bombas en los aeropuertos, cuando ya es demasiado tarde. Hoy en día, sólo existen 40 escáneres de este tipo en los aeropuertos estadounidenses, una cifra pequeña para los más de 2.200 puntos de embarque que poseen.
Los planes actuales del Gobierno, según publicó ayer la prensa estadounidense, son instalar 150 máquinas adicionales el próximo año y adquirir otras 300.
Este tipo de aparatos, según los expertos, hubieran servido para detectar los explosivos que llevaba cosidos a su ropa interior el nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab, acusado de intentar hacer explotar un avión que llegaba a Detroit procedente de Amsterdam, en el que viajaban 278 personas.
«Es la única máquina capaz de detectar el artefacto implicado en el intento de atentado del día de Navidad», indicó el secretario de Seguridad Nacional durante la presidencia de George W. Bush, Michael Chertoff.
El lunes, el presidente Barack Obama ordenó una revisión general de los sistemas de seguridad aérea, incluyendo «todas las políticas, tecnologías y procedimientos de seguridad» disponibles. En estos momentos ya se intensificaron las medidas de control en todo el país, lo que llevó a los pasajeros a sufrir minuciosos registros corporales y de equipajes de mano.
Los aeropuertos se llenaron de perros policía especializados en detectar explosivos, así como de agentes armados vestidos de civil que acceden a los vuelos como un pasajero más.
Se trata de una ofensiva preventiva que parte de un sistema que fue remodelado tras los atentados del 11 de setiembre de 2001 con una inversión de u$s 40.000 millones.
En estos ocho años, se incorporaron a los aeropuertos 45.000 empleados para controlar los arcos de detección de metales, y se instalaron 1.600 máquinas de resonancia magnética para revisar las valijas.
En el año 2004, la Agencia de Seguridad en el Transporte apostó por la instalación de una nueva generación de máquinas, que costaba cada una u$s 160.000, y que expedía aire sobre el pasajero para detectar trazas de explosivos.
Según The New York Times, se compraron algo más de 200 de esos aparatos, con la satisfacción de que la seguridad iba a incrementarse enormemente, pero éstas fueron demasiado sensibles para el entorno de polvo de los aeropuertos y cayeron en desuso o se estropearon.
Con el debate de la seguridad en pleno auge, algunos legisladores denunciaron que la Agencia de Seguridad del Transporte (TSA) estuvo sin un líder durante ocho meses, y cuando Obama propuso un candidato, Erroll Southers, su nombramiento fue bloqueado por los republicanos.
En paralelo, los investigadores siguen indagando en el pasado del joven Abdulmutallab, en un intento de descifrar qué resorte lo hizo abandonar su vida acomodada y abrazar el radicalismo terrorista.
El diario The Washington Post tuvo acceso a un paquete de más de 300 mensajes y entradas en internet que el nigeriano escribió en los últimos años y que revelan una personalidad solitaria, sin amigos y con tendencia depresiva.
«No tengo con quién hablar», señala un mensaje puesto en internet en enero de 2005, cuando Abdulmutallab estudiaba en una escuela británica en Togo. «No tengo a quién pedirle consejos, nadie que me apoye y me siento deprimido y solitario. No sé qué hacer, y pienso que esta soledad me lleva a otros problemas», apuntó.
Agencias EFE y DPA


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