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Por ahora es todo una fiesta
Si bien no es la situación ideal para el anfitrión, el que Inglaterra haya perdido contra Gales en un encuentro épico el sábado a la noche en Twickenham atiborrado de espectadores, le da un marco más de tensión deportiva a un Mundial que ya tuvo en el segundo día de competencia el cimbronazo de Japón derrotando a Sudáfrica.
No será mañana en Exeter, cuando Tonga se enfrente a Namibia porque ése es el estadio más chico de los trece que usarán en los 48 partidos, pero el jueves, cuando en Cardiff se enfrenten el local y Fiji se superará ampliamente el primer millón de espectadores. Los estadios han estado llenos en más del 90% y el color que hubo en cada uno de ellos remarca la sana fiesta que en cada partido se vive.
Para los hinchas argentinos comienza un período de recambio. Debido a cómo está estructurado el fixture, el seleccionado que capitanea Agustín Creevy jugó sus primeros dos partidos en cinco días; el siguiente, contra Tonga, será recién el próximo domingo y el otro, para cerrar la etapa de grupos, contra Namibia, siete días mas tarde. En la elección de los hinchas estaba el venir al principio o para las etapas más avanzadas.
Los que ya estuvieron, vivieron dos partidos inolvidables, por encima de los resultados. El primero en Wembley muy distinto al segundo -de casi 90 mil espectadores a tan sólo 14.500. De un megaestadio a una cancha de club.
El tipo de ruidoso apoyo que deberán emular los que aún están por venir ha sido un arma extra de Los Pumas. Todos los jugadores hablaron de la importancia de sentir ese apoyo, de la pasión que les genera saber los enormes esfuerzos hechos por tantos por estar, por sentir y vivir lo que es un Mundial.
Puede ser que en las grandes ciudades no se viva tan intensamente el Mundial. Londres es tan cosmopolita que puede diluirse esa adrenalina, pero cuando se acerca uno a los estadios, no caben dudas de lo que está por pasar.
En los pueblos más chicos -como fue Gloucester- está más que presente toda la parafernalia mundialista. Y los argentinos la abrazan con alegría y educación.
El hit del mundial del año pasado, el "Brasil, decime qué se siente" acá se reemplaza por el "El que no salta es un inglés". El primero en las playas de Río era simpático; acá, es una canción injusta. No se le puede pedir más al pueblo inglés: han abrazado este torneo con una cariño y una entrega difícil de explicar.
La forma en que el multitudinario voluntariado colabora para que todo funcione, para que las dudas se evacuen, para que el turista y fanático reciba siempre una respuesta detrás de una gigante sonrisa, ha sido clave del éxito.
No hemos llegado siquiera a la mitad del Mundial. Podrá perder algo de brillo si Inglaterra no pasa a cuartos de final aunque faltan tres partidos clave para eso. Por ahora, es todo fiesta.


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