13 de julio 2009 - 00:00

Por desempleo, cae la imagen del presidente

Washington - En las calles de Ghana, el presidente de los EE.UU. pudo comprobar una vez más que el llamado «efecto Obama» no tiene fronteras. Sin embargo, a la vez que es recibido calurosamente en África, y los líderes mundiales se pelean por sacarse una foto a su lado, en EE.UU. se empiezan a detectar los primeros signos de debilidad en su cota de popularidad.

Por primera vez desde su victoria electoral, ésta se deslizó por debajo del 60%, algo que los expertos atribuyen al incremento imparable del desempleo, que se sitúa ya en el 9,5%, el nivel más elevado desde el 1983, y en los próximos meses podría superar la barrera psicológica del 10%.

De acuerdo con una encuesta realizada por el instituto Rasmussen, un 56% de la ciudadanía aprueba la labor del presidente, mientras que un 43% la desaprueba. Sobre todo, la erosión del apoyo a Obama se manifiesta en los votantes independientes y también entre los republicanos.

Quizás más preocupante que los datos de las encuestas nacionales lo son las de algunos de los estados considerados claves electoralmente, como Ohio. En este estado, que sufre una tasa de desempleo superior a la media nacional, su popularidad es hoy sólo del 49%, pero hace sólo un par de meses era del 62%.

Esta caída espectacular podría repetirse pronto también en otros estados claves que están sufriendo especialmente los efectos de la crisis, como Michigan, Florida o Indiana, lo que dificultaría la implementación de la agenda de Obama.

Consciente de que la situación económica es el talón de Aquiles de su popularidad, Obama pidió el sábado paciencia a la ciudadanía, y recordó que cuando asumió la presidencia del país, «nuestra economía y el sistema financiero estaban al borde del abismo».

Sin embargo, algunos analistas políticos consideran que, a medida que la presidencia Bush se va difuminando en la memoria, una buena parte de la ciudadanía pronto dejará de culpar al ex presidente de los males del país y empezará a pedir responsabilidades a Obama.

Los leve caída en popularidad de Obama fue recibida con esperanza en los bancos republicanos, hasta ahora desmoralizados por su incapacidad de hincarle el diente al presidente. «Aunque los números personales del presidente aún son buenos, sus políticas, especialmente el gasto y el aumento del déficit, está asustando a la gente», sostiene John Cornyn, senador conservador de Texas.

Los números a los que se refiere Cornyn derivan de una encuesta de Gallup, que refleja que un 82% de los norteamericanos considera que Obama incurrió en un déficit público excesivo, y un 69% se muestra preocupado por el incremento del rol del Gobierno en la economía.

Probablemente, estos datos explican que la semana pasada varios congresistas demócratas pertenecientes a estados con una situación económica delicada votarán contra una ley patrocinada por la Casa Blanca para frenar el cambio climático. En vísperas de la votación de otras medidas importantes, como la reforma de la Salud, el liderazgo demócrata deberá esforzarse para mantener las filas juntas si no quiere sufrir una humillante derrota.

Por su parte, los asesores presidenciales han restado importancia al descenso en la popularidad de Obama, que continúa estando muy por encima de la que tenían Clinton o Bush a los cinco meses de su asunción. «Vamos a tener que volar a través de algunas turbulencias», reconoció David

Axelrod
, el estratega electoral de Obama. «Pero lo importante es que continuemos adelante, entendiendo donde vamos, y no perder los ánimos a mitad del viaje». Según Axelrod, ahora no es el momento de reducir el grado de ambición del programa político de Obama, ya que, en una crisis, «el verdadero riesgo es no hacer nada».

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