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Por inoperancia europea todavía no se vio lo peor
Si con Facebook se esperaba ganar una fortuna y se obtuvo un quebranto, la trama general procedió al revés: se temía lo peor y se consiguió una dispensa con el premio de una módica resurrección. Las estrellas que brillaron esta semana, siete días atrás eran los «perros» -los rezagados- del último mes. Y viceversa. Mírese lo acontecido en los extremos. Los futuros de jugo de naranja explotaron el 6,9% a la suba. Habían caído casi el 30%. En cambio, el gas natural se hundió, esta semana, el 7%. Y venía de trepar el 39%. Nadie cambiará sus respectivas visiones por estos sacudones.
La incertidumbre no es buena compañera. Y Europa promete un espeso banco de niebla hasta las elecciones griegas del 17 de junio. Aunque tampoco es capaz de garantizar que la falta de visibilidad mejorará luego. Lo que Europa sí puede aportar es una generosa corriente de idas y vueltas. Por sus vicisitudes económicas y financieras. Por la política, que será la encargada de tomar las grandes decisiones y está en fase de plena reconstrucción. Hay que recalibrar el eje Berlín-París, no sólo por el enroque de Hollande por Sarkozy en Francia, sino a la luz de la sublevación que prometen los atenienses. La relación de los gobiernos con el BCE -cuyos hilos no se ven, pero su influencia se siente- deberá aceitarse de nuevo. Rara vez se menciona: no hubo pases a destajo del BCE para auxiliar a la banca (e indirectamente a las tesorerías) sino después que Merkel tomara con mano firme el comando político de la región y obtuviese el reaseguro del pacto fiscal. La novela de los eurobonos -compañeros de ruta obligados cuando cruje la unión monetaria- regalará tironeos y encontronazos hasta lograr que Merkel -como sugirió Mario Monti- logre ser persuadida. Primero, por supuesto, Hollande & Cía. deberán hallar la horma germana de sus zapatos.
Así las cosas, debería resultar claro que todavía no se vio lo peor. La tendencia de fondo es bajista, pero la facilidad con la que se cae en la exageración va a intercalar, como pasó esta semana, oportunidades de pescar rebotes. Si se examinan las Bolsas de EE.UU. se detecta una asimetría evidente. Tómese el índice Dow Jones y se verá un techo muy difícil de perforar. Es una losa cuádruple -en el área de los 13.300 /13.350 puntos- donde sucumbieron otros tantos avances. Pero el piso no se revela con nitidez. Donde se asentó el mercado, en su repliegue, no ofrece garantías. Si en la vigilia por Grecia las Bolsas consiguen montar un rango de «trading» y su amplitud -entre máximos y mínimos- fuera del 10% (o sea, una corrección de manual), se podría decir que hoy el Dow se ubica ya más cerca del piso que del tope.
Si la ansiedad se desborda -como ocurrió el año pasado cuando se discutía el límite de la deuda pública en los EE.UU.- y el Dow amaga cruzar los bordes de un mercado «bear» (bajista), entonces las acciones pueden caer un 14% -casi 1.800 puntos- y aun así no cancelar la vigencia del actual mercado alcista («bull») post-Lehman.
Si en el afán de orientar el GPS se cruza información con el mercado de bonos del Tesoro, lo que las tasas de diez años registran es el mismo nivel que tuvieron el año pasado cuando el chubasco financiero estaba en la cresta. Tasas del 1,70%/1,75% compartieron el estrado con un Dow a mitad de camino entre los 10 mil y los 11 mil puntos, en lo que hoy sería el vértice de un mercado «bear». Se sabe que los bonos son el refugio del pesimismo sobre la actividad económica y la salud de las finanzas.
En la comparación, entonces, la cotización actual de la Bolsa subestima -o no comprende- el peligro que acecha. Pero los bonos también capturan la expectativa de intervención de la Fed. Si la tasa larga tiene razón y acierta con los tropiezos, las acciones penarán primero pero tendrán luego el salvavidas de la política monetaria y quizás un eventual QE3.
La idea de no haber atravesado la peor parte la ratifica también el indicador de volatilidad esperada, el VIX. Pese a todo lo que se habla de Grecia, las lecturas del VIX muestran apenas un modesto respingo. Un sobresalto imprimiría un registro por encima de 30 y lo más empinado de su gráfico actual no supera la marca de 25. En los momentos bravos de 2011, cuando rigió el pánico, hubo varias incursiones vertiginosas por encima de 40. Dadas las asignaturas europeas pendientes, es descabellado pensar que no nos esperan sustos similares o peores.
Por último: el estado de alerta constante también socava los ánimos. Baja las defensas y por allí pueden filtrarse virus de especie distinta. Este viernes, el informe de empleo de EE.UU. puede abrirle la puerta a la insidia de una segunda línea de preocupación si la debilidad reciente del mercado laboral -que se arrastra desde marzo- mostrase signos de profundizarse. Las acciones transitan una cuesta empinada: si el informe es benigno alentará la continuidad del rebote, mas no removerá la obsesión por Europa. La mejoría tendrá límites. Pero conviene ajustarse los cinturones. Si despunta una sorpresa negativa, la búsqueda de un nuevo piso no será una experiencia agradable.


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