26 de mayo 2015 - 00:00

¿Por qué aumentan las desigualdades?

Un informe de la OCDE publicado hace unos días, y muy publicitado en Europa, asegura que la desigualdad entre ricos y pobres en los países miembros de la organización alcanzó su nivel más alto desde que existen datos hace tres décadas, llegando a "un récord en la mayoría de países... (en) niveles incluso más elevados que en muchas economías emergentes", señalando a Chile, México, Turquía, EE.UU. e Israel como los países con más desigualdad, frente a la mayor armonización de Dinamarca, Eslovenia, República Checa y Noruega.

La primera conclusión es que queda mal parado el "Estado de bienestar" porque su desarrollo y su crecimiento coinciden con los de las desigualdades y pobreza, pero, insólitamente, la OCDE básicamente aconseja sostenerlo con medidas que "aseguren que las personas más ricas contribuyan" a una mayor recaudación fiscal. Los nuevos recursos fiscales deberían aplicarse a facilitar la mejora de las franjas de población con menos ingresos.

A ver. Las cargas coactivamente impuestas crean pobreza, siempre. En el mercado ocurre que si Juan tiene reparto de alimentos, con gusto pagará por un camioncito que permita mejorar su recorrido y ganar más dinero y con ello pagar las cuotas del vehículo, contratar un chofer y así seguir creciendo en su negocio presionando tanto al aumento de los salarios, al demandar más mano de obra, como a la baja de precios al aumentar la oferta de sus servicios. Pero si viene el Estado y coactivamente le cobra impuestos, ya no tendrá el dinero para el camioncito, y su negocio quedará estancado o desaparecerá según el nivel de carga impositiva. Se dirá que el dinero cobrado en impuestos va a las rutas que necesita y para asistencia social a los desocupados, lo que no tiene sentido porque Juan bien puede pagar el peaje de los caminos que recorre sin necesidad de costosísima burocracia intermediaria, y no hay mejor asistencia social que los choferes que Juan puede contratar sin necesidad de pasar por costosísimas burocracias.

En definitiva, la eficiencia económica, tanto personal como social, se dará en la medida en que las relaciones económicas sean voluntarias, en que las acciones coactivas del Estado desaparezcan porque los impuestos que a Juan le extraen terminarán empobreciendo a los pobres que se quedan sin trabajo y ven disminuir sus salarios y subir los precios.

Y así está el "Estado de bienestar" basado precisamente en que los ricos "pagan impuestos" que apenas si ven los pobres después de pasar por una tremenda burocracia. El 10% de la población del "club de los países ricos" gana 9,6 veces más que el 10% más pobre, una proporción que se ha incrementado respecto de la diferencia 7-1 de los años ochenta y del 9-1 de inicios del siglo actual. En los 34 países de la OCDE, 10% de los más favorecidos posee el 50% de la riqueza, y el 40% de los más pobres sólo el 3%.

Los "impuestos a los ricos" han logrado que "los ingresos en los hogares hayan descendido en casi todos los países de la organización, pero en mucha menor medida en las capas más privilegiadas". Los ingresos en las familias bajaron una media del 3,5% anual en ese período. Así, entre 2007 y 2011, entre los países miembros, la población por debajo del nivel de pobreza ha pasado del 1% al 9,4%.

Por otra parte, la OCDE calcula que un aumento en el índice de Gini (en el que 0 es una distribución de renta totalmente igualitaria y 1 simboliza la mayor desigualdad) como el registrado en el promedio de los países de la OCDE de los 80 hasta ahora (de 0,29 a 0,32) rebaja el crecimiento económico en 0,35 punto porcentual por año, si no se consigue bajar el nivel de desigualdad en ese período.

Otro gran mito de la OCDE es que para paliar la pobreza se necesitan empleos "estables" y no "cuentapropistas" ni teletrabajadores. Sin embargo, el desarrollo económico pareciera contradecirlos ya que el trabajo intelectual, que puede desarrollarse bajo cualquier formato -no necesariamente "estable"-, crece exponencialmente. Por caso, en 2014 la Argentina vendió al exterior conocimientos por un valor de u$s 5.800 M, el tercer rubro generador de divisas detrás de la soja y los automóviles.

(*) Economista

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