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Por qué plan de Europa funcionó tan rápido
José Siaba Serrate (Economista)
Nada más emblemático de la levedad del ser que la suerte de la moneda única. La embestida contra el euro se transformó, las últimas dos semanas, en una corrida a su favor aún más vertiginosa. Y conste que, a diferencia de la deuda pública que cayó en desgracia, el euro pelea a capa y espada, a la intemperie, sin el paraguas protector de ningún mecanismo de intervención.
Todo el mundo señaló que el plan de estabilización de mayo compró tiempo. Y, a decir verdad, si se revisa la cuenta, compró bien y muy barato. La estrategia usada se apoya en tres pilares fundamentales. El paquete de rescate a Grecia de 110 mil millones de euros, la compra de deuda pública (y, llegado el caso, también privada) de largo plazo por parte del Banco Central Europeo (BCE) y la constitución de un fondo de auxilio -la Facilidad Europea de Estabilización Financiera- por hasta 750 mil millones de euros. El anuncio de este último fondo fue decisivo para dejar asentada la voluntad europea de dar batalla firme, pero, en los hechos, no giró una sola moneda. De mayo a hoy, bastó con liberar la primera cuota del paquete griego. Y con las compras semanales (decrecientes) de bonos soberanos que realizó el BCE. Si se quiere hay un cuarto pilar estratégico -las pruebas de estrés bancario- que Europa se apresta a enarbolar, también en una versión singularmente ahorrativa.
¿Cuán profunda era la preocupación sobre la deuda pública? No hubo quien no se rasgara las vestiduras. Eso está claro. La corrida sin contención pudo ser terminal. Tampoco se discute. Pero todo indica que la corrida se alimentó más de la parálisis de las autoridades -y de su asombrosa impericia- que de una aflicción muy honda o arraigada por el destino divergente de las finanzas públicas. Cuando las llamaradas envolvían a Europa y de urgencia hubo que lanzar el plan, el BCE compró bonos, en su primera semana de intervención, por 16 mil millones de euros. La segunda fueron 10 mil millones. Cuando concluyó junio, las adquisiciones semanales ya no superaban los 4 mil millones de euros. Y la semana que pasó, la cifra merodeó apenas los mil millones. Vale recordar que el incendio de mayo era dantesco. Se reaccionó cuando ya chamuscaba la deuda de Italia. Y se destruían las Bolsas de todo el mundo. Pero, en rigor, hizo falta muy poca agua para apagar tanto fuego: 60 mil millones de euros. Lo mismo que el BCE aplicó en el programa de compra de bonos hipotecarios cubiertos (que nadie tiene presente como un esfuerzo titánico de la política económica). Si se suman las dos iniciativas de relajamiento cuantitativo del BCE, se advierte a simple vista que sólo se gastó el 10% de lo que desembolsó la Fed en las iniciativas de corte similar -destinadas a aplacar las tasas de largo plazo- en los EE.UU. (las compras de bonos hipotecarios pass through y de agencia y de bonos del Tesoro). La hoja de balance del BCE tiene exactamente el mismo tamaño que la de la Fed. Va de suyo que el BCE, de haber querido, podría haberse empeñado más. O, mejor todavía, haber intervenido antes.
Como la corrida era más hija de la impericia que de los temores por la insolvencia, el plan de estabilización, que todo el mundo sabe que no resuelve la problemática de fondo, tuvo éxito y lo tuvo tan rápido. Frenada la inercia, se disolvieron los cuestionamientos más punzantes. En comparación, le demandó un semestre a los EE.UU. -después de desembolsar no menos de 700 mil millones de dólares del plan TARP- torcer la visión sobre la salud de la banca. De ahí que Europa aspire a conseguir el mismo objetivo en la mitad del tiempo. Y es obvio que pretende no tocar -o utilizar muy poco- los 750 mil millones de euros de la Facilidad de Estabilización que exhibe en la vitrina. Los exámenes de estrés europeos -que replican la exitosa iniciativa del año pasado del secretario del Tesoro, Tim Geithner- difundirán sus resultados el viernes de la próxima semana. No hay hasta ahora nuevos compromisos -ni señales tentativas- de inyección de capital. ¿Intentará convencer Europa a los inversores de que la salud de la banca es irreprochable sin necesidad de reforzar su patrimonio? Tanta austeridad exaspera. Y, de fracasar, será arma de doble filo. La experiencia de los EE.UU. sugiere otro enfoque. Si se capitaliza a los bancos de antemano y se logra apuntalar su credibilidad, luego el propio flujo de capital privado permitirá acelerar el repago de los aportes públicos. Como sea, las cartas ya están echadas. Europa ya definió su juego. Si las pruebas de estrés cumplen su cometido, el plan de estabilización habrá ganado una segunda batalla crucial. No decisiva, pero imprescindible. Por más que se insista, la obsesión europea -la consolidación fiscal- no despertará la confianza que se anhela mientras se sospeche que la banca es un gigante con pies de barro.

