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Preocupa alto nivel de riesgo para la salud materno-infantil en los nacimientos en el país
Preocupan las tasas de mortalidad materno-infantil en el país. La situación se revertiría lentamente con la Asignación Universal.
Ambas tasas se mantienen altas y son indicadores trazadores que miden el nivel de desarrollo social, calidad de vida y acceso, calidad y cobertura a los servicios sanitarios, aceptados universalmente por la OMS y la ONU para comparar países y regiones.
Por otra parte, las defunciones fetales treparon a una tasa del 0,8%. Cabe agregar que un porcentaje importante de estas muertes registradas engrosaría la tasa de mortalidad infantil, por lo cual existe un subregistro de estas
últimas. En salud materno-infantil una serie de factores maternos se asocia frecuentemente a daños del niño (muerte o enfermedad). Conocerlos permite tomar medidas preventivas para el grupo que más lo necesite (alto riesgo) y de esta forma optimizar los recursos disponibles, al contribuir a racionalizar la atención de la salud.
Pregunta
La pregunta es qué falla en el país para que tengamos indicadores del subdesarrollo. La respuesta es compleja porque interviene una multiplicidad de factores.
Desde el punto de vista de la atención materno-infantil, se define como «riesgo» la mayor probabilidad de producirse daño (muerte, enfermedad y/o secuelas) en el primer año de vida. Los principales son:
Edad de la madre. Se considera de alto riesgo a las madres menores de 20 años que constituyen el 15,8% del total de todos los nacimientos registrados en 2009.
El nivel de instrucción. El 8,7% es analfabeta o semi. Si sumamos a las que completaron la primaria, esta cifra alcanza el 35,3%.
La afiliación de las madres a un sistema de salud. El 45,3% no tiene cobertura de salud.
El bajo peso al nacer. El 7,1% pesa menos de 2.500 gramos en nacidos vivos, pero si se compara el porcentaje en las defunciones infantiles, el impacto alcanza al 43,2% (3.899) y representa el 50,2% de la tasa de mortalidad neonatal y el 27% de la posneonatal.
La edad gestacional. El 8.2% es de pretérmino, es decir, menos de 37 semanas de gestación.
En cuanto a la atención por médicos o parteras, el 97,8% fue asistido por alguno de estos profesionales y el 99,6% ocurrió en establecimientos asistenciales, de los cuales el 56,2%, en el subsector estatal.
El lugar de ocurrencia es otro factor importante, como también la situación conyugal de la madre.
Más allá de los factores de riesgo, la realidad sugiere que para mejorar la situación, deben tenerse en cuenta problemas estructurales vinculados a las condiciones de vida, y socioambientales. Los de mayor influencia son: la pobreza, las desigualdades entre provincias y regiones, como el NOA y el NEA, y un nuevo fenómeno de aumento de la pobreza urbana en las grandes ciudades como Rosario, Santa Fe, Córdoba, Mendoza o Buenos Aires, que hace que el riesgo acumulado de morir puede ser 12 veces mayor comparado con la zona norte de la CABA.
El deterioro progresivo de los servicios, en particular del sector estatal, la falta de cobertura y de acceso a una atención oportuna y de calidad en especial de los controles prenatales dan una explicación más certera al momento de hallar una explicación de por qué no se revierte esta tendencia.
Lamentablemente, con un gasto en salud de un 9% del PBI, nuestro país supera ampliamente el gasto de Chile, Uruguay o Costa Rica. Sin embargo, tenemos peores indicadores de mortalidad materno-infantil.
Necesitamos una política de Estado en salud con la inversión necesaria para que los argentinos dispongan de agua potable, cloacas, viviendas dignas, nutrición adecuada, educación y trabajo. De esta forma, reduciríamos un 50% la mortalidad materno-infantil del país.
(N. de la R.) A partir de la implementación en 2010 de la Asignación Universal por Hijo, es de esperar que estas cifras experimenten un notable descenso. Los datos estadísticos del año pasado se conocerán en noviembre de 2011.


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