Un relevamiento entre sectores «visibles» y no tanto arroja algunos datos preocupantes. Como siempre, los dirigentes y empresarios consultados responden en el más estricto «off the record» por temor a posibles represalias.
En el seno de la Unión Industrial Argentina (UIA) prácticamente no hay sector que no hable de los problemas que están atravesando, sobre todo a las puertas de una negociación salarial paritaria que viene complicada por los números que piden los representantes sindicales. Ni siquiera los sectores más favorecidos por la política de «substitución de importaciones», que suelen acompañar al Gobierno en todas sus manifestaciones públicas, ocultan en privado su preocupación. Por caso, en la industria del calzado (una de las que «revivió» con las políticas oficiales) se estaría vendiendo un 15% menos de pares que el año pasado. A la indumentaria está pasándole algo similar (10% menos).
Un dato adicional que confirma la caída en la actividad: fuentes de Fadeeac (la cámara que reúne a los empresarios del transporte de cargas) revelaron que están llevando un 20% menos de cargas que a esta altura del año pasado.
La cifra no es menor, sobre todo porque este sector transporta también granos, y la cosecha ya está en movimiento. Y si bien las estimaciones oficiales hablaban de una cosecha gruesa de 52 millones de toneladas, la verdadera cifra se acercaría a los 41 millones de toneladas. Dado que el año pasado la cosecha fue de casi 50 millones de toneladas (o sea, casi un 20% más), podría decirse que la baja es pareja en todos los sectores.
Las causas que provocan este fenómeno podrían resumirse en tres:
Otra fuente, en este caso de una de las mayores operadoras de centros comerciales del país, admitió una baja en las ventas cercana al 10% en relación con abril/mayo de 2011, pero agregó que esa caída es más evidente en los shopping centers ubicados en las zonas de mayor poder adquisitivo. Esto sería un indicador claro de que los aumentos de tarifas, tasas e impuestos municipales y provinciales pegaron fuerte en los bolsillos de la clase media; los sectores de menores recursos no padecieron esas subas, y no se vieron -al menos hasta ahora- compelidos a tener que elegir entre pagar los impuestos o comprarse ropa.
En tanto, los empresarios -tanto los industriales como los comerciantes- que necesitan de los insumos o las mercaderías que siguen frenadas en la Aduana o en los escritorios de la Secretaría de Comercio Interior- siguen peregrinando por los despachos oficiales para tratar de que les autoricen el ingreso de sus productos.
No son los únicos: del otro lado de la frontera los empresarios brasileños están que trinan con su propio Gobierno, al que poco menos que le exigen que presionen a la Argentina y hasta que aplique represalias para que no se repita un mes como abril, en el que por primera vez en casi seis años la balanza comercial no fue favorable a Brasil. Este «lobby» difícilmente tenga éxito, justamente por el antecedente de los sesenta meses consecutivos con saldo a favor del socio del Mercosur.
El argumento de la Argentina será que no sólo cayeron las importaciones brasileñas, sino en general. De nuevo, este descenso no puede ser atribuido a un factor unívoco: hay que imputarlo tanto a las medidas restrictivas impuestas por el secretario Guillermo Moreno como a la baja de la actividad.

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