- ámbito
- Edición Impresa
Preocupa a la Casa Blanca el terrorismo ‘‘made in USA’’

Unos diez atentados de milicianos musulmanes el año pasado dejaron 14 muertos, según investigaciones del diario The New York Times. Son sólo una pequeña parte de las alrededor de 14.000 víctimas por crímenes violentos en el país, pero las autoridades antiterroristas consideran a los estadounidenses radicalizados un peligro especialmente grande, porque les resulta muy fácil permanecer ocultos.
Capital lucrativo
«Los ciudadanos estadounidenses y residentes en el país son un lucrativo capital para las organizaciones terroristas globales», creen Rick Nelson y Ben Bodurian, del renombrado Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de Washington. Sin mayores obstáculos pueden viajar al extranjero, forjar contactos con grupos terroristas, aprender a manejar armas y explosivos, volver a casa y perpetrar atentados.
Especialmente peligrosos se consideran los terroristas «hechos en casa» presentes tanto en la cultura estadounidense como en una cultura extranjera, escriben Nelson, director del programa antiterrorista del CSIS, y el investigador especializado en terrorismo, Bodurian, en un estudio publicado recientemente.
Las alarmas sonaron con el caso del psiquiatra militar Nidal Malik Hassan, que en noviembre mató a 13 personas en la base militar de Fort Hood. David Coleman Headley, un ciudadano estadounidense con raíces paquistaníes, sospechoso de haber ideado los devastadores ataques con bomba en la ciudad india de Bombay en noviembre de 2008, causó también conmoción.
O el caso de dos docenas de estadounidenses con raíces somalíes que se unieron a los extremistas en el país africano en crisis. O el del afgano con residencia en Estados Unidos Nayibullah Zazi, que tras un entrenamiento terrorista en Pakistán planeó una «operación mártir» en Nueva York, lo que para Nelson y Bodurian constituyen un ejemplo destacado de «la mejor oportunidad para Al Qaeda y otras organizaciones terroristas globales para perpetrar un gran atentado en Estados Unidos».
Mensajero
La pobreza o una existencia al margen de la sociedad como explicación de la radicalización religiosa apenas son importantes en los casos mencionados, creen los investigadores. Más bien se trata de una especie de mensajero, un clérigo radical o un aspirante a entrar en un grupo de extremistas que sirve de puente en el mundo del terrorismo.
Internet es ahí un medio de comunicación central: en Facebook, YouTube o en miles de chats de islamistas pululan los captadores de adeptos. Sin embargo, la lucha de las autoridades estadounidenses en su contra es considerada por los autores «deficitaria».
«El alcance sin límites de la red permite una difusión relativamente libre de material radical», escriben. Si Estados Unidos quiere tener éxito, necesita «personal, entrenamiento y tecnología de calidad única».
El que cae en la red de los extremistas se deja atraer normalmente por la propaganda de que Occidente se encuentra en guerra con el islam, según los investigadores terroristas. Najibullah Zazi se veía a sí mismo como un combatiente por los civiles afganos. Nidal Malik Hassan no podía sacarse de la cabeza las guerras en Afganistán e Irak. Los estadounidenses con raíces somalíes veían a sus padres y hermanos de fe perseguidos en su país.
Los ejemplos indican que «algo más, distinto a la pobreza o a una vida al margen de la sociedad, se esconden tras el auge del extremismo en el interior del país», opinan Nelson y Bodurian.
Los expertos en estrategia recomiendan arrebatar a Al Qaeda y otros grupos el argumento de que Occidente y sobre todo Estados Unidos quieren acabar con el islam. El presidente Barack Obama ya acabó con el concepto «guerra contra el islam radical» y en su discurso en El Cairo tendió la mano a los musulmanes y prometió impulsar contra todo tipo de adversidades el cierre del controvertido campo de prisioneros de Guantánamo, en Cuba.
Pero Estados Unidos debe ir más allá, exigen Nelson y Bodurian. Pues el terrorismo organizado saca de la presencia militar de Estados Unidos en los países islámicos la justificación para sus actos. En lugar de atacarlos en intervenciones abiertas de sus fuerzas de combate, Washington debería reforzar la cooperación con los Estados amenazados por la brutalidad de los extremistas.
«Ese tipo de cooperación, más que una gran intervención militar directa, traerá probablemente mayor éxito en la lucha contra el terrorismo y la violencia radical», coinciden.
Agencia DPA


Dejá tu comentario