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Preocupa ola de ataques a inmigrantes caucásicos
«Recibió una golpiza en la calle. Le arrancaron cabello, su rostro fue desfigurado, desgarraron sus vestidos», cuenta Galina Kojevnikova, experta de la ONG Sova que registra las violaciones a los derechos humanos en Rusia, citando a una persona que fue testigo de la agresión.
La joven, cuya madre, barrendera, es mitad armenia, fue confundida con una musulmana a causa de su piel morena, explica Kojevnikova, precisando que la muchacha se fue de Moscú.
«Todas las personas que vieron la escena quedaron impresionadas», dijo.
«Muchos se pusieron a filmar con sus teléfonos móviles y gritaban: vamos, maten a una mártir», escribe un testigo, que no se identificó, en la página de internet LiveJournal, muy popular en Rusia.
Los servicios especiales rusos (FSB) atribuyeron los atentados a mujeres kamikazes relacionadas con grupos rebeldes del Cáucaso Norte, una región de mayoría musulmana.
El ataque a la joven de origen armenio no ha sido el único. El lunes en la tarde varios hombres y mujeres agredieron a dos mujeres con velo en el subte, sacándolas de sus asientos y echándolas fuera del vagón, informó la emisora Ecos de Moscú, citando a un testigo no identificado.
Según este último, nadie llamó a la Policía y los otros pasajeros se limitaron a mirar. Un portavoz de la policía del subte de Moscú indicó que ningún incidente de ese tipo había sido registrado.
En un país donde los resentimientos contra los inmigrantes son importantes se teme que puedan producirse más agresiones tras los atentados, advierten los expertos.
Peligro
«Desde mi punto de vista, el verdadero peligro es que tales incidentes sean utilizados por los políticos», declara Leokadia Drobijena, directora del Centro de Relaciones Interétnicas en la Academia rusa de Ciencias.
Rusia posee la segunda población más importante de trabajadores inmigrantes, detrás de Estados Unidos, con 2,5 millones de personas.
Tras las explosiones, las autoridades llamaron a reforzar la seguridad y el presidente Dmitri Medvédev abogó por un endurecimiento de la legislación contra el terrorismo (ver aparte).
Los jefes de las comunidades de inmigrantes temen que estas medidas hagan aún más difícil la vida de miles de trabajadores instalados en Moscú, y que las reglas sobre la inmigración se hagan más severas.
«Tengo un mal presentimiento», dijo Alicher Madanbekov, jefe de la diáspora kirguisa en Moscú.
«Cuando hubo ataques terroristas en el pasado, los inmigrantes fueron los primeros en sufrir», declaró Usmon Baratov, miembro de la comunidad uzbeka de la capital.
Agencia AFP


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