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Preocupante: el real se sigue devaluando

A lo largo del Gobierno kirchnerista la industria gozó de una amplia ventaja competitiva por la fortaleza del real. Pero esto no significó el mantenimiento del histórico superávit comercial de los 90 cuando el peso estuvo sobrevaluado. Todo lo contrario. La balanza se dio vuelta y Brasil llegó a alcanzar superávits récord con la Argentina, de más de u$s 4.000 millones anuales. Esto desmitificó la efectividad del tipo de cambio como herramienta competitiva. Dado que gravitó mucho más el hecho de que la economía argentina, tras la salida de la convertibilidad, creció a tasas superiores que las brasileñas; y ello redundó en una mayor demanda de productos importados.
Como sostienen varios analistas, el problema de la Argentina no es que Brasil devalúe, sino que existe un déficit comercial estructual.
Con relación a la paridad cambiaria bilateral, un informe de M&S Consultores señala que «en el último año el tipo de cambio real de la Argentina con Brasil está constante. La mayor tasa de inflación argentina se compensó con un deslizamiento mayor del tipo de cambio nominal en la Argentina y una aceleración de la inflación brasileña». Según cálculos de la consultora, en los últimos doce meses el tipo de cambio real en la Argentina se deterioró un 17,3% mientras que el tipo de cambio real de Brasil también empeoró un 15,8%. Lo que prácticamente deja una situación de empate técnico.
En el corto plazo esto no es un problema y lo demuestra que el comercio bilateral crece mes a mes marcando récords. Si plantea interrogantes en el largo plazo. No hay duda de que una fuerte depreciación del real tendrá serias consecuencias para la economía argentina y su aparato industrial (pérdidas de exportaciones y de empleos). Los sectores más perjudicados serán los siempre conflictivos calzado, textiles, siderúrgicos, autopartes, electrodomésticos, alimentos y plásticos. El sector automotor también sufrirá, pero como tiene un régimen especial no está muy claro el impacto.
Competitividad
El Gobierno petista de Dilma Rousseff viene actuando en los últimos meses para mejorar la competitividad del real. Desde crecientes compras de divisas en el mercado contado como intervenciones en el mercado de futuros, hasta la implementación de castigos vía impuestos a la entrada de capitales, integran el menú oficial. Hasta el momento, esto significó que las reservas internacionales treparan a u$s 353.435 millones (aumentaron en lo que va del año u$s 64.860 millones).
Luego de lanzar un megaplán de inversiones y beneficios impositivos para los industriales, sobre todo exportadores, la última jugada fue la sorpresiva baja de la tasa de referencia (Selic) por parte del Banco Central para desalentar el ingreso de capitales. Pero Brasil también tiene un problema estructural de pérdida de competitividad. No se trata de una crisis de balanza de pagos, sino que las presiones para devaluar provenientes de la poderosa central fabril paulista (Fiesp) responden a un problema microeconómico.
A diferencia de lo que ocurrió en 1999, cuando Fernando Henrique Cardoso salió del tipo de cambio fijo y devaluó, profundizando la crisis argentina, ahora Dilma no lo puede hacer porque bajo el régimen de metas de inflación el tipo de cambio es flexible, o sea, lo fija el mercado. Lo que vienen haciendo desde el Banco Central y el Ministerio de Hacienda que conduce Guido Mantega, es ensuciar la flotación mediante compras, intervenciones e impuestos. Pero no ha tenido grandes resultados esta estrategia. Y es porque el ingreso de capitales sigue a todo ritmo.
El año pasado sumaron casi u$s 24.400 millones y en lo que va de 2011 ya supera los u$s 61.000 millones. De modo que el real tiene pocas chances de experimentar una fuerte devaluación de no mediar una gran crisis y el retorno a un tipo de cambio fijo.


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