30 de septiembre 2011 - 00:00

“Primal Scream”: la vigencia de un grito

El rock psicodélico, electrónico, funky y hip hop de «Primal Scream» se lució en el Pepsi Music.
El rock psicodélico, electrónico, funky y hip hop de «Primal Scream» se lució en el Pepsi Music.
Primal Scream-Snow Patrol. Pepsi Music (Estadio GEBA, 28 de septiembre).

En 1991, Primal Scream lanzó un disco revolucionario, «Screamadelica», mezcla de rock psicodélico, electrónica, funky y hip hop, que califica fácilmente como el álbum más influyente de esa década. Veinte años después, la banda reapareció para tocar en vivo ese hito noventista irrepetible, pero totalmente vigente y actual. Y lo mejor de todo es que auténticos rockers como el cantante Bobby Gillespie y el guitarrista Andrew Innes no hicieron una fría rendición profesional de su mejor obra, sino que más bien la desbarataron gloriosamente para que ese disco hiper producido en estudio pueda sonar en vivo del modo más simple y directo posible.

Iniciando su set del disco con «Movin on Up» y «Slip Inside the house», perfectos para definir la mezcla de estilos rockeros con arreglos modernos, luego empezaron a cambiar el orden de los tracks de «Screamadelica» armando una especie de crescendo para llegar al climax obvio con «Come together», precedido por un infernal «Loaded» (basado en el famoso discurso hedonista de Peter Fonda en el film «Los ángeles salvajes», pero esta vez dedicado a Maradona).

En el medio hubo desprolijidad técnica de todo tipo (que provocaron chiflidos del público cuando se cortó el sonido de varios instrumentos en la intimista balada stone «Damage»). Con un estadio GEBA a medio llenar, un miércoles demasiado temprano, en medio de la maratón de bandas locales y latinoamericanas en el cierre del festival, que tuvo su fecha masiva con los Red Hot Chilli Peppers, de todos modos Primal Scream ofreció una extensa y generosa muestra de su «Scremadelica Tour», con la guitarra increíble de un Andrew Innes especialmente inspirado y un muy energético Gillespie encamisado a lo Tom Jones. Teniendo en cuenta lo agotador de su gira (éste fue el quinto show y el tercer país sólo en la última semana), resultó asombroso que tuvieran ganas de alargar al máximo los climas sutiles de temas como «Higher than the sun», en una versión imperdible de más de 15 minutos que incluyó «Who do you love» (clásico de Willie Dixon que solían tocar los Doors).

Al final, casi sin amagar irse del escenario, dispararon tres bises super rockeros de otros discos: «Country Girl», «Jailbird» y el contundente «Rocks». Se fueron con cara de ataque de pánico y la peor onda, digna de los autores de «Kill all hippies». Ojalá en unos años se reúnan para tocar ése y todos los temas de su otro gran disco, «Vanishing Pointy».

Pero si se trata de buena onda, nada mejor que Snow Patrol. Su cantante, el insoportablemente afable Gary Lightbody, se pasó hablando pavadas demagógicas, dedicando canciones a Buenos Aires, remarcando su procedencia irlandesa y anunciando el estreno formal de algunas canciones de su próximo CD, privilegio poco apreciado por muchos espectadores que se iban escapando del estadio. La banda, demasiado parecida a Coldplay y otras cosas parecidas, sonó técnicamente impecable y tuvo una vistosa puesta de luces mezcla de Genesis y Duran Duran. Lo inexplicable es por qué sólo tocaron dos temas («Run» y «Chocolate») de «Final Straw», su mejor disco.

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