Podría decirse que para la Argentina tener una diferencia entre la cotización del dólar que fija el Estado y el precio que decide asignarle el mercado no es una novedad. En promedio, en los últimos 64 años convivió con una brecha del 23%, con picos y valles. De modo que no es extraño que la economía pueda funcionar con ese gap asumido por los operadores. El punto hoy es determinar cuál es el valor que le puede permitir al Banco Central acumular reservas con vistas a un acuerdo con el FMI que obligará a la entidad a comprar unos u$s5.000 millones para las reservas a lo largo de 2022.
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Privados: es clave que baje la brecha para que BCRA pueda acumular reservas
Algunos analistas consideran que la diferencia de cotizaciones, sobre todo del CCL, debería bajar fuerte como para generar condiciones para que los agentes económicos tengan menos propensión a quedarse con billetes norteamericanos frente al temor de una devaluación. Otros no ven esa reducción en lo inmediato.
En un informe reciente, el IERAL planteó que la relación que hay entre brecha y reservas, a partir del programa que negocia el gobierno con el FMI debería mejorar. Dicho plan establece una política fiscal más o menos laxa combinada con una dura política monetaria que obligará al BCRA a reducir a un punto de PBI la emisión.
“El mix de política fiscal y monetaria deberá dar resultados inmediatos, ya que para cumplir el objetivo de acumulación de reservas externas del BCRA, será necesario que la brecha cambiaria se comprima en forma significativa para este segundo trimestre”, señala el IERAL. El informe indica que “en 2021, entre marzo y mayo, el Central logró compras netas de divisas en el mercado oficial de cambios por un promedio mensual de algo más de u$s1.500 millones, cuando la brecha cambiaria osciló entre el 60 y el 70%”. La escuela de negocios de la Fundación Mediterránea aclara que en ese momento funcionó porque el ministro de Economía, Martín Guzmán, venía achicando el gasto desde octubre del 2020 y el dólar oficial tenía en menor nivel de retraso que hoy. “Ahora, las señales tendrán que ser muy contundentes para lograr similar objetivo, sin el ‘colchón cambiario´ de entonces”, dice el informe.
Según datos de un reporte de FIEL las brechas amplias han sido excepcionales en la historia reciente. Por caso, diferencias entre el oficial y alguna versión paralela superior al 100% se tuvieron en marzo de 1989, agosto de 1982, en marzo de 1972, entre 1973 y 1975 antes del “rodrigazo”, y en febrero de 1976. Desde el año 1957 a la fecha lo usual es que hubiera diferencias que no superaran el 30%.
Javier Marcus, gerente de negocios de la consultora Southern Trust, señaló a Ámbito, que “más allá del número que sea el de la brecha, lo más importante es que el gobierno firme el acuerdo con el FMI para lograr confianza”. Con esa condición de base entiende que las diferencias entre dólar oficial y paralelo se podrían reducir, pero el punto está en la credibilidad. “Nadie supone que la brecha se va achicar por la baja de los paralelos”, explicó. Para el economista, la disminución se tiene que producir por la suba del dólar oficial “pero que ello no se vaya a inflación”.
Para Marcus es posible que Martín Guzmán consiga un margen de credibilidad si logra el acuerdo con el Fondo, a partir de que se despejan dudas sobre los vencimientos y que se podría contar para las reservas también con parte del swap de monedas con China. El mercado podría interpretar que el esquema “es sostenible” señaló el analista financiero .
Por su lado, la consultora LCG sostiene que para que el gobierno pueda acumular reservas va a tener que lograr financiamiento de organismos internacionales como el BID y el Banco Mundial. La consultora considera que “es plausible dentro del marco de un acuerdo con el FMI”.
En cambio, Sergio Chouza, director de la consultora Sarandí, consideró que este año va a ser posible que el BCRA acumule u$s5.000 millones, aún con alta brecha. Justificó la idea en que “existe un contexto de precios internacionales muy altos” que puede desalentar a los operadores del comercio exterior a retrasar liquidaciones o, en el caso del productor, a acopiar en silo. Opinó que “el anclaje tiene que ser el acuerdo con el Fondo e ir mostrando trimestre a trimestre que se van cumpliendo las metas para que se estabilice el tipo de cambio”. No obstante sostuvo que no ve en el corto plazo una reducción importante de la diferencia entre el dólar oficial y el paralelo. Estimó que el gobierno tendrá que seguir con controles a las importaciones y luego para 2023 o 2024 ir planteando un esquema de salida que normalice el mercado cambiario.


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