30 de julio 2010 - 00:00

Problemas del “mediador” aún no empezaron

No le va a resultar fácil a Néstor Kirchner su nuevo papel de componedor en conflictos internacionales. Y no porque al ex presidente, secretario general de Unasur desde mayo, le toque ahora, como bautismo de fuego, mediar entre Bogotá y Caracas.

Es ése un conflicto previsible, recurrente y que la región arrastra desde 2005, cuando el Gobierno de Álvaro Uribe por primera vez señaló la presencia de las FARC en Venezuela.

No es previsible, en cambio, y allí radica su dificultad, la suerte de Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas), que se demoró cuatro años en tomar forma, otros dos en aprobar a Kirchner como secretario general y que aun así sigue en pañales, con seis de los doce países que la conforman sin haber ratificado todavía el tratado constitutivo.

Por eso, así como la búsqueda de una salida a la crisis entre Venezuela y Colombia estrenará a este Kirchner de exportación, hoy con traje de «mediador» (una rareza, si nos atenemos a su track récord vernáculo, donde viene haciendo historia por sus dotes florentinas en política), al mismo tiempo puede ser el cadalso para el organismo que reúne, por un lado, a los bolivarianos que siguen a Hugo Chávez y quieren desmarcarse de cualquier influencia estadounidense y por el otro, a los que se alinean con Washington, como son Perú, Colombia y Chile.

Un cóctel singular que, hasta ahora, no produjo soluciones integradoras. Baste recordar la Babel que fue la cumbre de hace un año en Bariloche, convocada a raíz de la instalación de las siete bases estadounidenses en Colombia.

Para completar el retrato de esa Unasur que aún gatea, abriendo una cuña en el medio está Brasil, mentora de este conglomerado de doce naciones y que quiere llevar un liderazgo regional, diferenciado de la doctrina Monroe.

Justamente, en ese liderazgo brasileño es donde «Néstor K internacional» encuentra su otro escollo. Y encarnado, nada menos, que en la figura de Lula: el mandatario imbatible, que se retira con más del 70% de aprobación, que nunca escondió sus sueños de proyección global (como aspirante a secretario general de Naciones Unidas hasta hace poco), que tiene experiencia (con resultados poco exitosos) en mediaciones internacionales, como las que emprendió en Medio Oriente, en Irán por el tema nuclear, o en Honduras en 2009.

Con ese bagaje, a lo que le suma saberse el político más popular del planeta (Barack Obama dixit), y quien mejor puede calmar las hubris de Chávez (así comentan en Washington), Lula da Silva viene opacando la labor de «Néstor K internacional». Pruebas al canto: el 22, día en que Caracas rompió relaciones con Bogotá, Lula dijo que había telefoneado a Chávez pidiéndole tranquilidad y que luego llamó a Kirchner, «para encargarle asumiese la mediación». Sin duda, un objetivo claro: sacar el conflicto del foro de la OEA (donde EE.UU. es miembro). También, una orden de Lula hacia el secretario de Unasur.

No es todo. En las últimas horas, Lula y Marco Aurelio García, su asesor especial en asuntos internacionales, promovieron la «propuesta brasileña», en la que Bogotá y Caracas deberían hacer un monitoreo conjunto sobre la región fronteriza donde se mueven las FARC. No sin aclarar que aconsejaban el diálogo bilateral entre las partes antes que las conversaciones públicas (como la de ayer de Unasur en Quito), «donde siempre surgen recriminaciones». Tarjeta roja para Unasur. Lula, además, anunció que «hablaría largo con Chávez» y con Juan Manuel Santos «una vez que asumiera».

El futuro tampoco se le presenta fácil a «Néstor K internacional». En agosto, Brasil asume la presidencia pro témpore del Mercosur, y Ecuador delega la de Unasur en Guayana. Con esto no sólo cobrará Lula mayor protagonismo regional, sino que Kirchner pierde uno de sus aliados en Unasur: el ecuatoriano Rafael Correa, amigo a su vez del indomable Chávez. Y quedará obligado así a manejar el conflicto Bogotá-Caracas con un hiperquinético Lula a su lado.

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