11 de junio 2010 - 00:00

PS: entre denuncias, vota bajo estigma K

Jorge Rivas
Jorge Rivas
El socialismo resolverá este domingo, en las urnas, la preferencia de socios para 2011. En una votación para elegir conducción nacional, se enfrentarán el sector que prioriza un acuerdo con la UCR contra el grupo que manifiesta su simpatía hacia el Gobierno de Cristina de Kirchner.

Un padrón de 120 mil afiliados, repartidos en 530 mesas en todo el país, tendrá que optar entre dos boletas: una encabezada por Rubén Giustiniani, escoltado por Hermes Binner, y otra por Jorge Rivas, a quien secunda el sindicalista cordobés Oscar Doesserich.

Entre denuncias de manejo irregular de padrones, ejecutado por la Junta Electoral que controla el bloque santafesino, los filo-K llegan a la elección preparados para asimilar un resultado adverso, a pesar de lo cual decidieron, igual, competir.

El grupo encabezado por Rivas planteó que la voluntad de la línea Giustiniani fue «viciar» la elección para que el grupo bonaerense, cercano a la Casa Rosada, directamente desista de competir en los comicios del domingo. Hubo presentaciones judiciales, pero de todas maneras lo harán.

«Hicieron todas las trampas posibles para que no compitamos, así se quedaban con el partido», confió Oscar González, ex secretario general del partido, que, junto con Rivas y Ariel Basteiro, coordina la resistencia contra Giustiniani.

Del otro lado, el sucesor de González, el bonaerense Carlos Roberto, aseguró que todos los planteos hechos por Rivas y por la Justicia fueron atendidos. Ayer, por caso, se abrieron mesas de votación en Buenos Aires.

Ése fue, en la Justicia, uno de los planteos de los K que denunciaron que se abrieron mesas en la provincia para dificultar el voto de los afiliados bonaerenses, más cercanos -dicen- a la boleta encabezada por Rivas.

«En Buenos Aires se dan casos insólitos de afiliados que viven en un lugar, pero tienen que ir a votar a una ciudad que queda a 100 kilómetros», señaló un dirigente que, en Santa Cruz, donde el PS es pro K, algunos afiliados aparecen incriptos en mesas que están a 700 km de su casa.

El eje Giustiniani-Binner confiaba, ayer, en un triunfo más que holgado y hasta se permitían especular que sus opositores internos podrían no llegar al piso mínimo del 5% necesario para entrar en el reparto de butacas en el Comité Nacional del Socialismo.

Pero de fondo aparece el manejo del sello partidario mezclado con el sesgo político, y de alianzas, que pretende cada uno de los sectores. Giustiniani es más proclive a un frente con la UCR y el ARI, mientras que Rivas apunta a competir junto, o en paralelo, al kirchnerismo.

«Nosotros queremos un partido abierto y progresista; ellos sólo quieren convertir al PS en un secta universitaria maoísta de derecha», apuntó, y pegó sin compasión, un dirigente socialista que impulsa integrarse al dispositivo K en materia política y electoral.

De la trinchera de enfrente, en tanto, los acusan de querer «convertir al socialismo» en el «furgón de cola del peronismo bonaerense».

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