Publican libro infrecuente en el panorama argentino

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El narrador Roque Larraquy y el diseñador e ilustrador Diego Ontivero se unieron para producir "Informe sobre ectoplasma animal", que acaba de publicar Eterna Cadencia. Una obra inclasificable, un libro de arte insólito, que parte de las seudociencias del siglo XIX que trataban de descubrir lo que perdura tras la muerte, para construir una especie de catálogo espectral, alucinatorio, con una prosa prolija y distancia típica de los informes académicos y un fondo poético e irónico que remite a ciertos textos surrealistas o patafísicos, a momentos de Cortázar, Calvino o Philip K. Dick. Roque Larraquy es guionista y publicó con anterioridad "La comemadre". Dialogamos sobre un libro infrecuente en el universo editorial argentino.

Periodista: ¿Cómo se les ocurrió la idea de hacer un informe tan raro?

Roque Larraquy:
El informe surgió hace unos años de un modo tan extraño como esta aventura literaria. Se estaba muriendo mi papá, y yo estaba bastante en forma como para poder enfrentar un tema vinculado con la muerte, pero quería desplazarla del mundo de lo humano. Al mismo tiempo yo había sacado una serie de fotos de animales que tenían una cierta dimensión espectral. Eran fotos muy contrastadas, en blanco y negro, Y como ejercicio para aligerar la mano comencé a publicarlas en un fotoblog en Internet como una unión de fotos y textos. Esto corresponde a una especie de borrador de la primera parte del libro, porque luego, esos mismo textos o, mejor las imágenes, sufrieron una transformación. Eso tuvo una vida muy breve en Internet. Bajé todo lo que allí aparecía, no encontramos con Diego Ontivero y le sugerí hacer juntos un libro ilustrado, quitando esas fotografías originales, que eran muy literales, y que en todo caso eran un disparador para el texto. Y comenzamos a trabajar en el libro "Informes sobre ectoplasma animal", que nos llevó unos 5 años de reuniones esporádicas.

P.: ¿De dónde saca la idea del ectoplasma, que si bien es un dato científico de la microbiología, su fama tiene que ver con la parapsicología, con el cuerpo que se desprende de un médium en trance, con la aparición del espectro de un muerto, usado en relatos de la literatura fantástica y de terror?

R.L.:
El uso que hacemos deriva de las ideas del espiritismo del siglo XIX. Me interesaba que formara parte de un sistema de nomenclaturas con algunos préstamos, como el de esa palabra, extraído de las seudociencias del siglo XIX y principios del XX, que son discursos que desde el punto de vista formal me parecen muy atractivos porque están en puja permanente de una legitimación, que de hecho no les llegó. Lo que hace que vistos desde hoy son discursos teñidos de fracaso. Asombra el rigor narrativo con que se exponía una falacia. Esa intrínseca épica del fracaso es lo que me interesaba recuperar.

P.: ¿En qué género ubicarían su obra: en libro de arte, en literatura fantástica, en ensayo surrealista, en creación patafísica, en poesía?

R.L.:
Creo que concluimos el debate acerca de qué tipo de libro era "Informe sobre ectoplasma animal" un peldaño antes de que el libro coagule. Mientas jugábamos con opciones, podía ser un texto vinculado a la literatura fantástica, a ciertas formas retóricas del discurso seudocientífico o paracientífico, indudablemente como un libro de arte. En el punto en el que alguna de estas posibilidades iba a tener una materialidad más concreta, decidimos detenernos para que esa materialidad del género no restringiera las posibilidades de lectura del texto y de las imágenes.

P.: Si se busca referencias, obras previas de estas características producidas en la Argentina se piensa de inmediato en ciertos textos de Macedonio Fernández o los más patafísicos de Cortázar, como los de "Instrucciones para subir una escalera", por ejemplo.

R.L.:
Yo encuentro una relación, no explícitamente buscada, con el Leopoldo Lugones positivista de "Las fuerzas extrañas", donde trabaja el género fantástico en connivencia con elementos de la ciencia, cosa que por otra parte ya estaba en Poe. Creo que hay en nuestro libro resonancia de esos relatos de los años treinta, cuando se produce el primer golpe de Estado, donde Lugones proclama "La hora de la espada". La influencia de Cortázar acaso se pueda encontrar en el carácter fragmentario de los textos, pero no más allá de eso. Pero al tratarse de una obra de estas características está abierta a otros lazos que van más allá de lo meramente territorial, que encuentran ecos en obras de Italo Calvino o en ciertos momentos de obras de ciencia ficción.

P.: ¿Cómo trabajó las imágenes para que por momento estuvieran próximas a la ideas de ectoplasma y en otros tomaran distancia, se acercaran a la abstracción lírica?

Diego Ontivero:
Mi premisa al comenzar a trabajar fue establecer una distancia entre el texto y la imagen, evitar la correspondencia directa. La idea fue evitar ofrecer literalmente la representación de un fantasma. La doble imagen de lo real y lo espectral no aparece jamás. Encontrar el fantasma es el trabajo del lector. Le quitaría atractivo, intriga, sugestión exponer el fantasma, aceptar su falacia, en todo caso debía hacer ajeno al lector de una mera correspondencia que lo único que haría es disolver cualquier misterio. No podía aceptar ilustrar un pasaje del texto, sino trabajar sobre el concepto de cada texto y que éste genere una imagen, que forme parte de una serie de imágenes que construyan un relato que se pueda leer junto con el texto, pero siempre con una distancia.

P.: ¿Cuáles fueron sus referentes en las artes plásticas?

D.O.:
Me resulta raro encontrarlos. En un principio, y de eso quedó muy poco, estaba fascinado con la obra de René Magritte. Fue un disparador, quedan un par de imágenes que son acaso un homenaje a las imágenes enigmáticas del maestro belga. Después fue un trabajo de apropiación en función de las sensaciones de los textos. Discutimos con Roque la paleta de colores, no podía haber nada que remitiera al pop porque sería aberrante. Si comenzó cercano al surrealismo, hasta a obras del argentino Roberto Aizemberg, luego se fue alejando hacia la abstracción.

R.L.: La distancia y la autonomía de las imágenes fue provocando un efecto de vaivén. Hay por momentos un acercamiento que deriva en la figuración, y otros en que se aleja hacia la abstracción. No queríamos que fuera un libro ilustrado.

D.O.: No queríamos matar la literatura con las imágenes, sino impulsar a imaginar. Las ilustraciones debían complementar y ampliar, y no ser un cierre o una explicación de lo que ocurre en texto, que es muy enriquecedor.

P.: ¿Van a presentar las obras en una galería de arte mientras Larraquy hace un recital de los textos?

D.O.:
Hay una idea de algo de eso. Se hicieron muchísimas imágenes, las que aparecen en el libro son una selección. Imita a la ciencia en que son registros de intentos de acercarse a un fenómeno.

P.: Tres artistas que le gusten.

D.O.:
Ante todo Velázquez. Philip Guston, me fascina, Y entre los argentinos me encanta Daniel García.

P.: Tres escritores.

R.L.:
Stanislas Lem, Franz Kafka, Macedonio Fernández.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

R.L.:
Una novela que está en plena gestación, que transcurre en 1957, dos años después del derrocamiento de Perón, en la que estoy tratando de unir el tema de peronismo, posperonismo, el universo posterior al golpe de Estado, en un universo de ciencia ficción a la argentina.

P.: ¿Y usted Ontivero, a qué está abocado ahora?

D.O.:
Trabajando mucho en lo visual, pero empecé a escribir una novela, me contagió Larraquy. Es la historia de un profesor, pero está sobre todo ligada a la colombofilia, a la cría de palomas. Están cargadas de misterios.

Entrevista de Máximo Soto

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