La belicosidad marcará el nuevo mandato del presidente ruso, en detrimento de políticas para revertir la recesión económica e impulsar mejoras sociales, señalan analistas.
SOSTÉN. El Gobierno ha sido exitoso en construir la imagen de que sin Vladímir Putin, Rusia se hundiría, coinciden analistas.
Moscú - Todo parece ya decidido en las elecciones presidenciales que se celebran el domingo en Rusia. Se da por hecho que el presidente Vladímir Putin, que dirige el mayor país del planeta desde hace 18 años, seguirá haciéndolo durante seis más al conseguir un nuevo mandato como jefe del Kremlin.
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Sin embargo, el predecible resultado de los comicios oculta algunos cambios más complicados que a todos afectan: desde el propio Putin, a sus contrincantes y al conjunto del país. El 18 de marzo supone para los rusos no tanto una elección de presidente como de la dirección que el país tomará en los próximos años.
Putin, de 65 años, promete a sus compatriotas "décadas llenas de victorias" en el futuro, como dijo en su mensaje anual a comienzos de marzo, anunciando medidas sociales. Pero al mismo tiempo, enseñó músculo presentando un nuevo arsenal nuclear. Así, lanzó un mensaje poco tranquilizador al exterior: Rusia se siente amenazada y en los próximos años la relación seguirá siendo conflictiva. Para sus compatriotas también el mensaje fue claro: en caso de necesidad, el pueblo tendrá que cerrar filas en torno a su comandante en jefe.
La idea que tienen los rusos de su presidente es muy compleja: la anexión de la península ucraniana de Crimea en 2014 -criticada por Occidente como una violación del derecho internacional- impulsó su popularidad dentro del país. Y las elecciones fueron agendadas simbólicamente coincidiendo con el cuarto aniversario de esa medida.
Menos popular es sin embargo su intervención en Siria y tampoco es halagüeña la situación económica. Las grandes ciudades se modernizan, pero la abundancia que marcó los primeros años de Putin en el poder debido a los altos precios del petróleo en los mercados llegó a su fin. La economía lleva años en recesión y sólo en 2017 volvió a crecer, aunque de forma muy modesta.
Los grandes gastos en armamento y seguridad fueron en detrimento de la educación y la salud. Durante cuatro años consecutivos, los más de 140 millones de rusos vieron caer sus ingresos en términos reales. Y a ello se suma el malestar por la corrupción, la arbitrariedad de las autoridades y la injusticia. No obstante, las críticas se dirigen contra el Gobierno, los funcionarios, policías y magnates, pero no contra el propio presidente. Putin convenció a muchos rusos de que es insustituible. "El principal mensaje de Vladímir Vladimirovich es bastante sencillo: ¡Sin mí se hunde todo!. Por eso, garanticemos la estabilidad y no cambiemos nada", explicó el politólogo Nikita Issayev.
Pero incluso bajo ese lema no es fácil organizar una victoria electoral que parezca convincente: al Kremlin le preocupa el desencanto de los electores. En 2012, un 65,2% de los rusos participó en los comicios, que Putin ganó con el 63,6% de los votos. Los electores no sólo se ven atraídos a los locales electorales con conciertos o el sorteo de smartphones, sino que hay indicaciones de presiones a los trabajadores, estudiantes o soldados para que acudan a votar y lo hagan por Putin.
Al mismo tiempo, los organizadores se topan con un nuevo tipo de oposición, sobre todo por parte de los jóvenes. El activista anticorrupción Alexei Navalny, de 41 años, organizó en varias ocasiones manifestaciones en todo el país y aun sin opciones de ganar, el Kremlin no se arriesgó a permitir que sea candidato. Por eso, Navalny llamó a boicotear los comicios, para demostrar el bajo apoyo que tiene en realidad Putin. Las autoridades reaccionaron con registros, detenciones y órdenes de arresto a opositores desde hace semanas.
Sobre todo el proceso planea la impresión de que el liderazgo de Putin entra en su fase final este 18 de marzo: su gobierno autoritario alcanzó "un estadio de madurez", consideró el experto Andréi Kolesnikov, del centro Carnegie de Moscú. "Pero en 2018 comenzó la transición a la fase del desmoronamiento".
La Constitución limita los mandatos presidenciales a dos consecutivos, por lo que no podría presentarse al siguiente. Al final de éste, tendrá 71 años, pero algunos piensan que la lucha en las élites rusas por sucederlo podría comenzar antes.
A no ser que Putin se quede más tiempo en el poder, algo que no parece que pudiera ocurrir sin crear tensiones en la sociedad. El problema central para Rusia, según escribió el jurista Ilja Shablinski en el diario Nesavissimaya Gazeta, es "la falta de posibilidades de cambio en la cúpula".
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