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¿Qué pasó con la crisis europea?
Mario Draghi
En principio, Grecia está fuera del paraguas de la intervención de Draghi ya que el programa del BCE fue pensado exclusivamente para los países que cuentan con acceso a los mercados voluntarios de capitales. Queda claro, pues, que Grecia pudo haber quebrado la tregua europea si la canciller alemana Angela Merkel no hubiera accedido a un tácito tercer rescate. En ese sentido, Chipre es hoy otro presente griego (a menor escala). Y el Fondo Monetario Internacional aboga por una reestructuración drástica de sus obligaciones. Si ello no sucede -pese a las vinculaciones del sistema financiero chipriota con el dinero negro de los rusos-, es también por los buenos oficios de Merkel. De la misma manera, cuando Bruselas descuenta el incumplimiento español de sus metas fiscales, y nada pasa, es porque Alemania ha trocado su beligerancia de antaño por una postura de tolerancia que le era ajena por completo hasta mediados de 2012. Este milagro berlinés es más importante que el que alumbró Draghi en Fráncfort. Entre otras razones porque la pax financiera del BCE requirió acallar las protestas del propio Bundesbank. Tarea que, como se sabe, debió realizar la canciller.
Se vaticinó en su momento que la política alemana le impondría a Merkel un cambio de rumbo. La rebelión de Rajoy y Monti en la cumbre europea de junio del año pasado fue un hito que anticipó el acuerdo entre Draghi y Merkel. No tenía sentido dejar librados a España e Italia a una inestabilidad financiera capaz de arruinar de antemano hasta el mejor de los planes de ajuste. Pero Merkel podía demorar una solución. Lo que la canciller no podía soportar era que el contagio llegase a París, de la mano de François Hollande, tan poco consistente como manejable, y que el capítulo francés de la crisis europea se desplegara como prólogo de las elecciones alemanas de septiembre. Si Merkel cambió, fue porque prefirió cortar por lo sano. Con tiempo. No hay magia aquí: la corrida se acabó, cuando Alemania dijo basta. Ni siquiera hizo falta que el BCE comprara un solo bono de España.
El nexo entre el rally de los activos de riesgo y la agenda política alemana es muy nítido. Por eso la derrota electoral de la alianza que encabeza Merkel («triste y amarga») en la Baja Sajonia merece atención. Así como no estaba en los cálculos de los analistas, quizás tampoco los comicios de septiembre sean el paseo que se pronostica. Merkel es una mujer de suerte: el golpe del fin de semana pasado es un aviso a tiempo. Para los mercados es también una buena noticia: el negocio electoral de Merkel será no hacer olas. Pero hay que tener presente qué significa. No sólo el Bundesbank se opone a las compras de bonos del BCE, también la opinión pública de su país. Por eso es vital que alcance con la promesa de intervención del banco central y que no haya que llevarla a cabo. La Merkel pacifista deviene.


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