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Qué se juega con las elecciones griegas
Angela Merkel y Andonis Samarás
Ante el avance en las encuestas de Syriza el primer ministro griego, Andonis Samarás, no dudó en agitar el fantasma de la salida del euro si ganaba la izquierda. Tsipras rápidamente salió al cruce negando esto y afirmando que Grecia no lo abandonará. Un sondeo reciente apunta que el 74% de los griegos quieren permanecer en la moneda única y que no hay interés en salir de la eurozona.
Vale señalar que Alemania fue acusada de tratar de influir en secreto en los resultados de las elecciones al informar que Merkel estaría dispuesta a aceptar la salida de Grecia si se produce una victoria de Syriza. Según la ley griega, el partido ganador de las elecciones obtiene un bono extra de cincuenta asientos en el Parlamento, pero para los analistas aún así es difícil que Syriza se haga con una mayoría absoluta. Está claro que si Syriza triunfa habrá ansiedad con respecto a su capacidad y voluntad para negociar con Europa y viceversa. Sin embargo, y a pesar del jugueteo de Syriza con la idea de un "Grexit" años atrás, desde entonces el partido de Tsipras adoptó una postura más centrista, con John Milios, como economista jefe, alegando que "todo lo que vamos a hacer está en el contexto de permanecer en la zona euro". La coalición de izquierda apuesta por una renegociación con sus socios del euro para relajar las políticas de austeridad y aliviar el peso de la deuda. El programa de rescate a Grecia puesto en marcha por la "Troika" vence el 28 de febrero, dando al nuevo Gobierno menos de un mes para diseñar un nuevo plan económico. Parece probable que ambas partes estarán dispuestos a hacer concesiones. Alemania podría haber descartado la posibilidad de perdonar la deuda, pero la reestructuración parece probable.
La salida del euro, según la mayoría de los analistas, sería intencionada, en el caso de que no se llegue a un acuerdo.
Si Grecia abandonara definitivamente el euro, el consenso general es que la eurozona podría sobrevivir. Según JP Morgan, la salida de Grecia provocaría la caída del euro a niveles de 1,05 frente al dólar, lo que conlleva costos significativos y una alta volatilidad en el comercio con EE.UU. y China pero, a pesar de todo, Europa podría estar lo suficientemente sana estructuralmente para soportar un "Grexit" tras la implementación del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) en 2012. Esto supone que Grecia tiene un menor poder de negociación para amenazar con irse. Aunque el país heleno también podría ser capaz de recuperarse de una salida del euro dado que al condonarse la deuda el fisco tendría superávit primario.
Sin embargo, no hay pleno consenso de que ahora la salida de Grecia sería manejable, a diferencia de 2010 y 2011. Ya que si bien no tendría el mismo efecto sobre España o Irlanda, por ejemplo, aun así, la verdadera preocupación por el "Grexit" seguiría siendo el riesgo de contagio. Es que si Atenas consigue mostrar buenos resultados en los próximos años, es posible que Italia o España, donde el ascenso de los partidos de izquierda (Cinco Estrellas o Podemos) se consolida, podrían intentar algo similar. En este escenario, los potenciales resultados de un "Grexit" son demasiado arriesgados e impredecibles. Nadie, ni Syriza, ni los griegos, ni Alemania o la Unión Europea, quiere activamente que Grecia abandone el euro por lo que todavía es posible evitar un colapso en la eurozona.


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