Radano: un viaje que va de Tim Burton a Atahualpa Yupanqui

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 «Yo vivo entre dos continentes. Cuando trabajo en Europa ya voy pergeñando lo próximo que haré en Buenos Aires», dice Alejandra Radano luego de su reciente temporada en París donde protagonizó, junto a Sandra Guida, dos musicales de Alfredo Arias: «Hermanas» y «Cinelandia». El próximo viernes reestrenará en Clásica y Moderna su espectáculo «Delirio gaucho», concebido con el acompañamiento del trío de guitarras de «Los Primos Gabino» y dirigido por Fabián Luca (quien también la dirigió en «Tango Reviú» y «Canciones degeneradas»).

Radano es una artista ecléctica que gusta de investigar en el arte y la cultura e introducir en sus espectáculos las combinatorias más extrañas. En este caso los ritmos populares se tiñen de surrealismo, dadaísmo y de resonancias apocalípticas, y la estética de Tim Burton se infiltra en el universo de Atahualpa Yupanqui.

Periodista: ¿Repone «Delirio Gaucho» en un nuevo formato?

Alejandra Radano: Sí. Todos los viernes va a ver un invitado diferente para este repertorio que incluye baladas, tangos, chacareras, valses, canciones mexicanas, de humor. El foco del espectáculo va a ir variando de acuerdo a la personalidad de cada invitado y a la implicación que cada uno de ellos tiene en mi historia. Logramos que cada tema tenga su intérprete ideal: Susanna Moncayo va a cantar «La oncena»; Elena Rogers, «Poisoning pigeons in the park» (traducida al español); Carlos Casella, «Verde luna»; Lidia Borda, «La guinda». y la lista sigue.

P.: ¿Qué temas circulan por el repertorio?

A.R.: La soledad del amor, la necesidad de tener un hogar, la mirada utilitaria sobre la mujer. También hago un monólogo cómico de Juan Verdaguer, que es de un machismo darwiniano. El título del espectáculo lo tomé de un tango de Alfredo Eusebio Gobbi, un gran músico y artista que abrevó en los más diversos repertorios y géneros musicales. Con su mujer Flora Hortensia Rodríguez creó un dueto cómico que pertenece a los albores del varieté rioplatense.

P.: ¿Gobbi fue su modelo?

A.R.: Yo sólo tomé el título de su tango que no sólo resume este recorrido musical; también resume esta realidad que tenemos. En el prólogo de «Historia Argentina», de Rodrigo Fresán, Ignacio Echevarría dice que el autor «creció y se educó en un país cuya historia, convertida en un vodevil sangriento, parecía haberse subido a una montaña rusa de la que sigue sin querer salir.» Acá todo es muy exagerado: o es muy bueno o muy malo. Tal vez tenga que ver con cierta lógica de compensación, como el yin y el yang. Nuestro país siempre estuvo dividido, ése es su síntoma, como cuando uno le dice al psicoanalista: «Yo ya entendí lo de mi papá ¿por qué me sigue pasando esto?». Y el analista responde: Lo que usted tiene que hacer es aceptarlo, sin olvidar que nunca va a dejar de ser quién es.

P.: El escritor español Ray Loriga piensa que ser argentino «es más una profesión o un karma que un gentilicio» ¿Usted qué opina?

A.R.: La identidad es un tema que me anima y en el que trato de indagar a través del género musical, que me representa a nivel expresivo y me permite encajar las piezas de este rompecabezas que es la construcción de mi propio paisaje interno.

P.: ¿Cómo la afectó trabajar en París tan a menudo?

A.R.: Me permitió seguir alimentando mi curiosidad. Es cierto que cada idioma es un modo de ver el mundo y tener que actuar en francés puede ser fascinante y terrible. Pero uno siempre es la misma persona. A mí me ayuda mucho el poder viajar y ver otras realidades. Hace poco, estaba tomando algo en «Le Select» de Montparnasse y vi pasar la marcha contra el matrimonio gay. Eran miles de personas.

P.: En el país que acuñó la premisa «liberté, fraternité et égalité». ¿Sus colegas están a favor del matrimonio igualitario?

A. R.: Hay muchos que están en contra, incluso gente que es muy abierta y revolucionaria en lo que hace. Es como si Charly García estuviera en contra de la comunidad homosexual. Algo así. No lo puedo explicar. El peso de la religión es muy fuerte en Francia y su tradición racionalista los ha vuelto muy estrictos a nivel social y en toda clase de estructuras. Acá, en cambio, nuestras estructuras están atadas con alambre. Compramos los trenes en Japón, pero le sacamos los marcos de aluminio y los aires acondicionados. Y por otro lado, tenemos un circuito teatral inigualable, edificios bellísimos y una total aceptación del matrimonio igualitario.

P.: ¿Vuelve a Francia este año?

A.R.: Voy a estar yendo y viniendo todo el tiempo. Mi futuro es bastante incierto; por ahora me quedo con las palabras de Nina Hagen: «Future is now».

Entrevista de Patricia Espinosa

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