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Radicales en guerra para que al fin nada cambie
Por ahora esos intentos están motorizados por Julio Cobos, entre otros proyectos de reforma, y discutidos en un grupo que no se caracteriza por la unidad de criterios como es el que reúne al cordobés Ramón Mestre, a Víctor Fayad y hasta a Oscar Aguad.
Mestre está a favor de elegir directamente al presidente del partido y que no sea un plenario de delegados al Comité Nacional electos en la interna los que hagan ese trabajo.
Enfrente está el alfonsinismo que intenta defenderse con múltiples herramientas. Algunos opinan, con algo de lógica, que aplicar el voto directo sería contraproducente: con el peso de la provincia de Buenos Aires quedarían consagrados en la conducción todos los antiguos dirigentes que ahora se quiere renovar, empezando por la flor y nata de todas las variantes del alfonsinismo.
Ayer, el jujeño Gerardo Morales subió la presión de la pelea: «Nosotros conformamos el Movimiento de Renovación Nacional con una dinámica para renovar cuadros, formas y métodos en la UCR, pero no estamos en un pozo tan hondo como en la crisis de 2001 o en 2003 donde apenas obtuvimos el 2 por ciento de los votos», dijo. Pareció pedir renovación pero no tanto.
Por si quedaban dudas insistió: «No debemos quedar atrapados en los cambios internos sino, sobre todo, debemos mantener el vínculo con la gente».
Pero hubo una fuerte autocrítica sobre los desastres estratégicos de la UCR en la última campaña: «En la oposición aparecimos como una murga. Cuatro candidatos, vanidades personales y falta de acuerdos. También hubo fallas de comando de campaña, de interpretación de datos y desarrollo de estrategias; sin embargo, en muchas provincias, como Jujuy, Ricardo Alfonsín consiguió cerca del 20 por ciento de los votos, lo que demuestra que ese resultado siembre fue posible». Frente a Morales reapareció en escena Federico Storani, con variantes pero el mismo nivel de crítica al partido: «Hay que tener cierta homogeneidad dentro del partido político, si no no sos un partido político. No se puede generar una feria de vanidades en el radicalismo», dijo. «Yo estuve en contra de hacer una alianza con Francisco de Narváez, con quien nos separa un sistema de ideas, valores y creencias, que generó una confusión en el electorado. El radicalismo no tiene que ver con vertientes conservadoras». La aparición de De Narváez en la provincia eliminó cualquier posibilidad de que Storani pudiera tener alguna representación en la interna, algo parecido al rol de Leopoldo Moreau.
Durante el fin de semana hubo insistentes protestas también desde el bando contrario, como la de Aguad que insiste que se corte de plano con cualquier política de alianza: «Yo soy radical y abogo para que mi partido tome la senda que nunca debió dejar. Debe oponerle a la alternativa populista una alternativa de desarrollo a largo plazo».


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