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Radiografía del amante culposo
Charlie López
En verdad, «La línea», según su propio autor (científico al fin), ha declarado, no sólo proviene de la propia imaginación literaria sino también, sobre todo, de una exhaustiva investigación que hizo entre cincuentones, de diferentes profesiones y estratos sociales, sobre temas como la fidelidad, el matrimonio y la aventura extraconyugal.
Quizá eso explique que el «yo» de «La línea», un profesor universitario de esa edad, esté innominado pese al tono confesional que practica a lo largo de sus páginas. El dilema de este personaje, enfrentado al amor por una alumna de la edad de su hija, radica en qué actitud debe adoptar ante su propia esposa, a quien trata con una conmiseración que quizá moleste a más de una lectora, además de a Nacha Guevara. La novela, sagazmente, explota con deliberación los lugares comunes que suelen acompañar a este estado de enamoramiento otoñal (los lugares idílicos para las «escapadas», la vulgar música de Sabina, etc.), y opone con buen sentido de suspenso personajes secundarios clave, como otra ex amante que lo quiere demandar en su peor momento profesional y emotivo. Una radiografía, en definitiva, de todo amante culposo.


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