3 de enero 2012 - 00:00

Rajoy se alinea, ajusta y poda

José Siaba Serrate
José Siaba Serrate
Es el primer acto y ya hay un desengaño y, donde había una promesa, brota la traición. Es el estreno de Mariano Rajoy y el PP al timón de España. Rajoy reclamó «media hora de tregua» antes de asumir. Y la providencia (o el BCE, que es lo mismo) se la arrimó. Pero lo que Don Mariano pide no lo concede. No terminó de asentarse el gabinete y ya agita las aguas a su favor. Hay gato encerrado en la herencia que le dejó Rodríguez Zapatero. El déficit fiscal de 2011 no apunta al 6% del PBI, sino al 8% (y podría quizás excederlo). Se sabe que no hay cuerda más sensible en la Europa de Merkel. No importa. Lo revela a los gritos su ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, quien conoce de primera mano la experiencia del naufragio -por haberla vivido en Lehman Brothers- y se supone que no desea repetirla.

El engaño de los socialistas (si cabe el término; la estimación promedio del rojo fiscal lo ubicaba en el 6,8%, y las proyecciones extremas en el 7,5% mientras la cifra que ahora surge es la que arma a su modo el PP) le da el pie a Rajoy para quebrantar la promesa de no subir impuestos. Como sea, en apenas una semana, el líder gallego se anotició de la brecha -unos 20 mil millones de euros- y ya descargó un paquete de recortes de gastos, congelamiento de salarios y empleos públicos, y aumento de impuestos para subsanarla. No le viene mal poder culpar a los socialistas cuando hay que elevar el impuesto a las rentas de las personas físicas y agredir al propio electorado. La meta del 4,4% de déficit para todo 2012 no será modificada. Resta, pues, otra poda de 20 mil millones de euros. Se toman apuestas, pues, a que la suba del IVA (la gran negativa de campaña) verá la luz en marzo.

Zapatero a tus zapatos: con los suyos, Rajoy imprime su marca. Evitó cometer el error de sinceridad de David Cameron y perder votos importantes en la puja electoral. Pero tampoco quiere que Merkel y los mercados lo corran. Aprendió de los yerros de su predecesor. No le costó librarse de ataduras. Y se anticipó.

Tomamos estas medidas antes que nos las impongan los demás, es el credo que rezan quienes dan la cara, los ministros económicos. Queda claro que Rajoy tampoco envidia a Mario Monti. Prefiere usar fusibles. Podrá gustar o no, pero en una Europa que agobia por la morosidad de sus decisiones, Rajoy resolvió con el vértigo del rayo. Y se alineó con Berlín y Bruselas (de donde brotaron los elogios públicos de Oli Rehn, vicepresidente de la Comisión Europea). Lástima que la medicina sea dudosa (por no decir perjudicial) en una economía sumida en el estancamiento. Pero, es verdad, y en eso Rajoy lleva razón, que España no tiene ninguna posibilidad de sortear la encrucijada si rompe lanzas con el poder político de la Unión Europea. Se sabe que hay mejores zarzuelas que «La dolorosa» en el repertorio de las compañías de Madrid, pero, después de tener que bajar «La parranda» de apuro, no es prudente mudar el cartel ante una crítica tan feroz.

Grecia mintió. Y tronó la furia de Europa. ¿Cuál fue la reacción ante el desliz de España? Rajoy calculó sus chances mejor que Papandréu. De momento, no pasó nada. 2012 comenzó festivo en las Bolsas del Viejo Continente (pese a los sombríos mensajes de todos los jefes de Gobierno). El DAX alemán escaló el 3% ajeno a cualquier perturbación. Un mal número del indicador PMI manufacturero -malo, pero mejor que lo esperado- le dio el empujón. El IBEX de Madrid ascendió el 1,8%. ¿Será que da lo mismo un déficit fiscal del 6% que del 8% del PBI? A su manera, se intuye que cada uno es una ficción (o una verdad poco relevante, según el método de cálculo), pero, aun así, ¿no era que con este material sensible no se jugaba? Éstos son los efectos de la tregua que Rajoy pedía (como quien pide lo imposible) y que el BCE le facilitó. En diciembre, la liquidez del Banco Central calmó la histeria con la deuda pública de España. No sólo porque le permitió al Tesoro financiarse con creces y a bajo costo, sino porque trazó una rotunda separación con Italia. Y los bancos españoles sacaron tajada: tomaron más de 100 mil millones de euros en las subastas de pases, suficiente para archivar los interrogantes inmediatos sobre su capacidad de renovar vencimientos. La tasa de los bonos del Tesoro a diez años (5,09%) cerró 2011 por debajo de la que regía a comienzos de año (5,50%). Al blanquear el desvío presupuestario, Rajoy se tiró a la pileta sabiendo que había más agua que de costumbre. Y acertó con el momento.

El desafío de Europa no es prevalecer en el sprint. Sino imponerse al cabo del maratón. Vale para España donde hay más basura bajo la alfombra. El talón de Aquiles en un país que aún hoy ostenta menos endeudamiento público que Alemania (en relación con su producto) es el peso muerto de la crisis inmobiliaria en la banca. Ésa es la batalla de la credibilidad de España.

Y Rajoy no lo ignora. En su paquete de austeridad, por ejemplo, sobresale una canasta navideña: una franquicia de cien mil millones de euros de avales públicos disponibles para los bancos. Si la impronta que cultiva Rajoy es la del hombre de Estado enérgico y dado a la acción, es obvio que la reforma financiera será el terreno justo para que allí de veras se gane los galones.

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