Brasilia - El presidente brasileño, Michel Temer, ganó ayer la primer pulseada del trámite de la denuncia que lo acusa de corrupción, cuando una comisión de la Cámara baja negó los cargos y remitió el caso a un pleno de los diputados de mayoría oficialista.
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En esa última instancia, que tendrá la palabra final sobre la autorización que la Corte Suprema requiere para analizar el asunto y eventualmente someter a Temer a un juicio penal que le podría costar el cargo, la base oficialista mantiene una amplia mayoría que ya, en agosto pasado, libró al gobernante de un trance similar.
El proceso iniciado por las nuevas denuncias formuladas contra Temer por la Fiscalía, que ahora le acusa de obstrucción judicial y asociación ilícita, ha sido hasta ahora un calco del anterior. De hecho, ayer la Comisión de Constitución y Justicia de la Cámara baja aprobó, como en la primera ocasión, un informe que recomienda al pleno que los cargos sean archivados por lo que el instructor del caso, Bonifácio Andrada, calificó de "notoria falta de pruebas".
El oficialismo, además de descalificar las acusaciones, se aferró a la ligera recuperación que ha tenido la economía brasileña en los últimos meses para alertar sobre la posible vuelta de la crisis en caso de que Temer sea sometido a un juicio que lo suspendería del cargo durante seis meses y pudiera concluir con su destitución.
En la minoritaria oposición, el discurso unánime es que existen "pruebas firmes" contra Temer y que el presidente debe comprobar la inocencia que alega frente a los tribunales. La primera denuncia había sido rechazada por esa misma comisión en agosto por 40 votos frente a 25. Esa diferencia a favor de Temer fue ayer de 39-26, lo que representa la pérdida de un voto que poco influye.
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