El profesor de finanzas de Harvard Robert Merton y Martín Redrado abrieron ayer las Jornadas Monetarias del BCRA en su versión 2009.
«Debemos profundizar las políticas que nos permitan enfrentar cambios en el contexto externo y, a la vez, desarrollar nuestras instituciones económicas». Tal fue la consigna mediante la cual Martín Redrado se comprometió a «evitar que se produzca la próxima crisis que cada argentino tiene en su imaginario». El funcionario cedió al Nobel Robert Merton la apertura a las Jornadas Monetarias y Bancarias 2009 organizadas por el Banco Central y se refirió, luego, a las políticas implementadas en materia monetaria, que «reflejaron la asimilación de las lecciones de un pasado caracterizado por la recurrencia de episodios de inestabilidad macro». Auditorio «Construimos un régimen monetario de transición robusto para atravesar las crisis», subrayó Redrado. Las disertaciones se dieron ante una sala colmada por banqueros, funcionarios del Gobierno (Beatriz Nofal, presidente de la Agencia Nacional de Desarrollo de Inversiones y Roberto Feletti, viceministro de Economía), una selección de economistas (Nicolás Dujovne, Ricardo Arriazu, Pablo Gidotti, Miguel Kiguel, Miguel Ángel Broda, Roberto Frenkel y Mario Blejer, entre otros), empleados del banco y estudiantes. A continuación, los puntos principales de su presentación en el panel «Efectos de la crisis y las diferentes respuestas de política económica en economías emergentes y desarrolladas».
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La crisis gatilló respuestas de política económica tan agresivas como necesarias. Y este marco nos permite dejar una enseñanza. Es necesaria una mirada más abarcativa que incluya la estabilidad financiera como meta fundamental para todas las autoridades monetarias del planeta.
Esta vez los países emergentes tenemos la oportunidad de participar en el debate y en la toma de decisiones. El mundo demanda nuestros conocimientos y nuestra experiencia en el manejo de crisis y en la revisión de los marcos regulatorios.
Otra muestra de esta mayor inserción son los acuerdos de intercambio de moneda alcanzados con nuestros colegas de los bancos centrales de China y Brasil. Las líneas de liquidez contingente acordadas por el equivalente a cerca de u$s 12.000 millones reflejan la confianza de nuestros pares sobre la situación monetaria y financiera, y las políticas que desde el BCRA llevamos a cabo.
La fortaleza con la que muchos países emergentes, especialmente los de América del Sur, están superando y saliendo de la crisis permitirá potenciar nuestra posición en la economía global.
Las economías de la región arribaron al episodio en mejores condiciones, con elevadas tasas de crecimiento, sólidas posiciones fiscales y externas. Esto refleja la asimilación de las lecciones de un pasado caracterizado por la recurrencia de episodios de inestabilidad macro.
Construimos un marco monetario y financiero que prioriza evitar que se produzca «la próxima crisis» que cada argentino tiene en su imaginario individual y colectivo. Generamos los mecanismos necesarios para encapsular el shock y evitar que se propague al resto de la economía.
Nuestra estrategia de administración de riesgos se basa en cuatro pilares: asegurar la convergencia entre oferta y demanda de dinero, flotación administrada del tipo de cambio, política contracíclica y regulación y supervisión bancaria. Así, pudimos superar cuatro episodios de considerable tensión en los dos últimos años (julio a octubre de 2007, abril a junio de 2008, setiembre a noviembre de 2008 y marzo de 2009).
La reversión dramática de la bonanza previa suscitó una reevaluación significativa de la percepción del riesgo. Se perdió la anterior confianza ingenua en la posibilidad de cuantificar y estimar el riesgo con precisión. Esta crisis generó un mayor grado de humildad.
Todavía hay otra lección respecto al «timing»: no abandonar prematuramente las políticas implementadas. La estrategia de salida de las políticas fiscales y monetarias pueden volcar la balanza hacia cualquiera de los extremos: una salida anticipada podría abortar la recuperación; en cambio, una salida tardía podría desatar la inflación.
La mejor estrategia es calzar tres aspectos de sintonía fina: la gradual disminución en las políticas de estímulo público, la normalización de la fluidez en los mercados crediticios y la mejora en la regulación y supervisión.
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