13 de noviembre 2012 - 00:00

Regreso a prisión del hombre que reencontró su rostro

Río de Janeiro - Uno de los grandes estrategas de la llegada del Partido de los Trabajadores (PT) al poder en Brasil, José Dirceu de Oliveira e Silva, fue condenado ayer a diez años y diez meses de arresto, y deberá volver a la cárcel, donde estuvo por última vez en la década del 70, cuando era un activo militante de oposición a la dictadura militar.

La pesada pena impuesta al veterano político socialista de 66 años fue decidida por el Supremo Tribunal Federal (STF), que lo apuntó como jefe de un esquema de corrupción armado al inicio del pasado Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) que desviaba dinero público para pagar sobornos a legisladores aliados a cambio de su apoyo al Gobierno en el Congreso.

Según la Corte Suprema, el esquema ilegal operó entre 2003 y mediados de 2005, y en ese período movió alrededor de 76 millones de dólares.

En 2005, cuando estalló el llamado escándalo del «mensalao» -por los pagos mensuales a legisladores de partidos aliados-, Dirceu se desempeñaba como jefe del Gabinete civil de la presidencia y estaba considerado el «hombre fuerte» o la «eminencia gris» del Gobierno de Lula.

A raíz de las denuncias, el político debió renunciar al cargo y luego fue despojado de su mandato de diputado federal por sus pares en la Cámara baja, que además lo inhabilitaron para el ejercicio de cargos públicos hasta 2015.

Dirceu siempre rechazó con vehemencia las acusaciones en su contra. Cuando se enteró del veredicto desfavorable, en octubre pasado, acusó a la Corte Suprema de buscar atender a una «sed de condenas».

«Teorías y decisiones que se doblegan a la sed de condenas, sin asegurar la presunción de inocencia o el análisis más riguroso de las pruebas producidas por la defensa, violan el estado democrático de derecho», dijo Dirceu, que inició su militancia política en la década del 60 como líder estudiantil de oposición al régimen militar que tomó el poder en Brasil en 1964 y se mantuvo hasta 1985.

Dirceu fue arrestado por primera vez en 1968, cuando participaba en un congreso de la Unión Nacional de Estudiante (UNE) y permaneció por alrededor de un año en la cárcel, hasta ser liberado en septiembre de 1969, juntamente con otros 14 presos políticos, a cambio de la liberación del entonces embajador estadounidense Charles Burke Elbrick, secuestrado por guerrilleros de izquierda.

Desterrado, viajó inicialmente a México y luego se exilió en Cuba, pero regresó clandestinamente a Brasil en 1971, con el rostro cambiado por una cirugía plástica.

Luego de la edición de la Ley de Amnistía, en 1979, regresó a Cuba para deshacer los cambios en su rostro, volvió a Brasil y reanudó su vida política. Participó en la creación del PT, el partido que presidió en varias ocasiones, y en 1992 obtuvo el primero de tres mandatos como diputado federal.

Dirceu se convirtió rápidamente en uno de los principales líderes del PT, y fue el gran artífice del giro hacia el centro que viabilizó la victoria de Lula da Silva en los comicios presidenciales de 2002, después de tres derrotas consecutivas, en las elecciones de 1989, 1994 y 1998.

Por el destacado papel que cumplió durante la campaña, fue designado por Lula jefe del Gabinete Civil de la presidencia, con amplios poderes para negociar alianzas con otros partidos políticos y asegurarle al Gobierno una cómoda mayoría en el Congreso.

En 2005, sin embargo, un entonces aliado del Gobierno, el diputado Roberto Jefferson, del Partido Laborista Brasileño (PTB), denunció que el respaldo al Gobierno de Lula resultaba de sobornos mensuales que serían pagados por el PT a las agrupaciones aliadas, en un esquema supuestamente comandado por Dirceu.

La denuncia de Jefferson interrumpió bruscamente la victoriosa trayectoria política de Dirceu, pero, pese a la condena, el político sigue siendo hoy una de las figuras más influyentes del PT de Lula y de la actual presidenta de Brasil, Dilma Rousseff.

Agencia DPA

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