14 de abril 2016 - 00:31

Regreso y "patio militante" con remake de ensayo transversal

• LA EXPRESIDENTE CONFIRMÓ SU CAPACIDAD DE CONVOCATORIA Y VOLUMEN.
• UN PLAN DE "CONDUCIR" SIN PARTIDOS NI DIRIGENTES.

Cristina de Kirchner, una remake de los “patios militantes” en Comodoro Py, para lanzar  un proyecto neotransversal.
Cristina de Kirchner, una remake de los “patios militantes” en Comodoro Py, para lanzar un proyecto neotransversal.
El 25 de noviembre pasado, Cristina de Kirchner abrió la quinta de Olivos a diputados del FpV para su ritual de despedida. En el brindis, uno de los invitado la consultó, intrigado, si planeaba presidir el PJ. "No.Yo estoy para otra cosa, para ponerme al frente de algo más grande".

Algo más de 120 días más tarde, tras su declaración epistolar en el despacho de Claudio Bonadio, Cristina bautizó aquello que definió como "más grande": lo nombró, mientras una multitud la escuchaba bajo la lluvia, "frente ciudadano" y anunció el cuarto episodio de la usina K craneado para elevar a la categoría de movimiento al kirchnerismo, algo así como una evolución del peronismo.

Allá lejos, en 2004, lo planeó Néstor Kirchner cuando pergeñó la transversalidad, insistió en 2007 con la "concertación plural" -que instaló a Julio Cobos como vice- y repitió, en 2012, Cristina con "Unidos y Organizados". Los tres ensayos, tarde o temprano, implosionaron. Los tres brotaron en etapas expansivas del kirchnerismo y con un Kirchner en la cima del poder.

Hay otros insumos, más allá de que el plan no es novedoso, para entender el movimiento de Cristina de Kirchner, decodifica la configuración de la etapa que viene, su protagonismo y posicionamiento en el tablero político y electoral. Veamos.

La versión de Cristina que pasó por Comodoro Py la consolida como la figura con volumen de la política criolla pero, en paralelo, la muestra sin una empatía contundente con el PJ de los territorios: solo una gobernadora -Lucía Corpacci, de Catamarca-; unos pocos alcaldes y apenas algún jerarca sindical (mientras las CGT, más tarde, se reunieron con Mauricio Macri), sin mucho más que legisladores "sin tierra", La Cámpora y grupos como el Movimiento Evita (M-E) o Nuevo Encuentro. Ni Daniel Scioli formó parte del show del regreso pero sí, como postal K, circularon Amado Boudou, Jorge Taiana, Carlos Kunkel y, entre otros, Guillermo Moreno.

•El discurso repitió los modos de los "patios de la militancia" que Cristina hacía desde los balcones internos de Casa Rosada tras los actos formales. Aquella escenografía no contemplaba la existencia de intermediarios entre "la jefa" y la militancia, formato que repite el "frente ciudadano" donde la expresidente sugiere prescindir de partidos y estructuras, y al invocar a los dirigentes lo hace para "invitarlos" -lo dijo sobre el sindicalismo- o para reclamarles. "Cuando no respondan por ustedes, tomen las banderas y marchen" dijo.

Dual, la expresidente confirmó sus dotes para fascinar a sus seguidores e interpelar a sectores -a aquellos que no estaban en el acto de Comodoro Py pero están heridos por el inicio de la gestión de Mauricio Macri- y reconfirmó su poder de fuego hacia dentro del universo PJ: sus interlocutores no pueden quebrar rebeldías y voluntades, pero con Cristina in situ, los desajustes y el libre albedrío resulta más difícil. Sin embargo, volvió a puntear a dirigencia, dato que incomoda al peronismo, sobre todo cuando se atreve a lo que los veteranos y no tanto consideran la herejía de compararse con Juan o con Eva Perón.

•El regreso, contundente, de la expresidente es, hasta acá, un episodio aislado: la vitalidad de la movilización no permite encontrar pistas sobre la construcción de un actor político y electoral para fantasear en un eventual regreso al poder. Bonadio, con el balance inmediato, al final pareció convertirse en un benefactor de Cristina: la "forzó a abandonar su "democrático silencio", para testimoniar en papel en una causa amañada y volver a pararse, siquiera por un día, en el centro del ring de la política. No está claro, con las calles todavía húmedas, si Bonadio le hizo un favor a Macri o a Cristina.

En el PRO, las miradas, se bifurcan. La mayoría entiende que la presencia de Cristina atomiza al peronismo y le devuelve a Macri el simbolismo de ser "distinto a", frente a una oferta de gestión sin brillo por los tarifazos, la inflación y el aumento del desempleo. "Cristina les recordó a muchos aquello de lo que estaban cansados" leyó un macrista como contracara de las "conquistas" que la ex enumeró que se licuaron en los 120 días de gestión del PRO.

•El concepto de la mesa chica del PRO sobre Cristina es que es convoca a una minoría intensa y activa que, de todos modos, no es competitiva electoralmente en la medida que no incorpore al PJ. Un peronista que celebra a Cristina lo sintetiza así: "El cristinismo sin el PJ no gana una elección; el PJ sin el cristinismo no tiene proyecto". Cristina no cree en esa dependencia mutua: enuncia un cristinismo movimientista en el que el peronismo institucional parece anecdótico.

Al igual que Bonadio, la jueza María Servini de Cubria quizá le dé una mano a Cristina creyendo que le hace un favor a Macri: intervenir el PJ podría quitarle el protagonismo al peronismo institucional y de los territorios, y dejaría a Cristina como única ordenadora en el desierto de un peronismo sin jefes ni plan de contingencia. Los Kirchner eligieron a Macri como enemigo preferido. ¿Macri le devuelve la gentileza?

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