13 de octubre 2015 - 00:29

Remake: como 2009, PJ se embarra con testimoniales

 Diego Bossio fue y dejó de ser -en un episodio cargado de leyendas y subtextos- candidato a gobernador. Recaló, en el revoleo, tercero en la lista de diputados nacionales por el FpV de Buenos Aires. Para, en la previa del 25-O, convertirse en el primer testimonial modelo 2015.

El formato de los candidatos que antes de ser electos anticipan que no asumirán el cargo para el que se postulan tuvo, como parte de un artificio insólito de la historia reciente, su punto más desquiciado en 2009, cuando cientos de dirigentes del peronismo K figuraron en las boletas para roles menores que los que ocupaban.

Aquella desmesura se conoció como candidaturas testimoniales y tuvo, entre otros, a Daniel Scioli, que era gobernador, en el segundo renglón de la lista de diputados mientras que funcionarios aparecían, por caso, como postulantes a concejalías que de ningún modo ocuparían.

Sin la masividad de aquel 2009, cuando el FpV perdió en la provincia con Francisco de Narváez, el formato testimonial resucitó cuando Scioli anunció como su futuro ministro de Planificación -sin el segmento energía, entre otros- de Bossio, actual titular de ANSES.

No es, el economista de Tandil, el único pero sí, hasta acá, el más oficial de todos. Sergio Berni, candidato a senador bonaerense por la Segunda Sección, y Maurice Closs, primer diputado nacional por Misiones, aparecen en el mismo tren de los "futuros ministros" sciolistas.

A mediados de septiembre, Scioli bosquejó, a grandes rasgos, su eventual futuro gabinete con el objetivo preciso de avisarle al poder, político y económico, que su equipo de ministros estaría exento de figuras ultra-K. Cuando lo hizo, el mensaje principal -no formalizado- fue para explicitar que Axel Kicillof no sería su ministro de Economía. En aquel malón de 20 nombres, incluso aparece Bossio, funcionario cristinista que hacia afuera puede leerse como un K, pero que para La Cámpora es un impuro, por sus vínculos con Mazzón.

Si con Cristina de Kirchner, Bossio perdió ante Kicillof y La Cámpora -quizá la batalla emblemática fue la intervención de dirigentes de la agrupación juvenil en tándem con Aníbal Fernández para rodear e inducir a renunciar al tandilense a la candidatura a gobernador-, con Scioli aquella tendencia parece revertirse. Es, de mínima, una de las osadías de baja intensidad, para entendidos, que cada tanto ejecuta el gobernador.

El apuro de Scioli por mostrar esas cartas expone a Bossio -que nunca fue candidato, salvo a consejero del PJ que es como ser campeón de truco de un asado familiar- al rasgo incómodo de volver con la desmesura de las testimoniales.

Con Closs, a quien Scioli menciona para Turismo, ocurre lo mismo aunque, dicen en el sciolismo, en Misiones la idea de un ministro de la provincia -algo que no ocurre hace mucho- puede resultar atractivo.

El caso más brumoso refiere a Juan Manuel Urtubey, gobernador en funciones y a la vez reelecto en abril pasado. En algunas mesas sciolistas suena para canciller, en otras se considera que Scioli no le pedirá que deje la provincia, o dicho de otro modo, que el salteño no correrá el riesgo de dejar la provincia, con el costo que eso podría acarrearle, para ir a un cargo incierto como el de canciller sobre todo con un personaje como Scioli que dice que él será su propio canciller.

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