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Renán: adiós a un renacentista criollo
Sergio Renán, fallecido a los 82 años, conoció el éxito en casi todas las disciplinas artísticas por las que transitó en su vida, además de haber sido un excelente gestor cultural.
Sergio Renán deja su marca en los finos ambientes de Recoleta y en los tablones de Racing de Avellaneda, en los espectadores del teatro más exigido, los habitués mas exigentes de la opera, y los televidentes que aprendieron algo de literatura universal con sus programas. Y en los pañuelos mojados de lágrimas de todo el mundo, después de ver "La tregua".
Amado, respetado, sufrió y no hizo sufrir. Gravemente enfermo, se levantó y siguió trabajando 18 años más, luchando contra sus males hasta mayo último, cuando debió internarse por última vez. Pocos días antes, todavía llegó a controlar el ensayo general de la ópera "El elixir de amor" en el Colón. Y planeaba la régie de "Don Giovanni" para la temporada próxima, otra obra de teatro, y su décima película.
Su infancia parecía un verso de Héctor Gagliardi: "En los partidos rogaba/ que lo pusieran de 'wing',/ pero estudiaba el violín/ y en lo mejor nos dejaba" ("El rusito"). Melancólico niño judío nacido como Samuel Kohan el 30 de enero de 1933 en Entre Ríos, hijo de maestros rurales que luego pusieron una mercería en el Once, creció en ese barrio, en un departamento de apenas dos ambientes compartido con los padres y la hermana diez años mayor. Jugaba al fóbal, leía todo lo que podía, iba al "Mariano Moreno", estudiaba violín, armonía y contrapunto con Teodoro Fuchs y Jacobo Ficher desde los 13 años (desde que su padre lo llevó a ver un concierto de Jascha Heifetz). En su adolescencia llegó a subir al escenario del Teatro Colón.
Un día, ayudando a David Stivel en las actividades de la Hebraica, le picó el bichito de la actuación. Estudió con Hedy Crilla, que no logró disuadirlo. Se rebautizó con el apellido de un medievalista de fama en ese momento, le agregó Sergio por antojo, y así debutó a los 15 en teatro y a los 18 años en cine, como hijo menor de Tita Merello en el drama costumbrista "Pasó en mi barrio", de Mario Soffici (su hermano mayor era Alberto de Mendoza). También a los 18 se casó y armó casa propia, en un matrimonio que no duró demasiado pero dejó una hija, Nora Renán, pintora y figurinista que habría de participar orgullosamente en varias de sus obras. Mucho después el artista encontró a su compañera definitiva, la arquitecta Adriana Herrero, siempre a su lado en las buenas y las malas, como en los 64 días de coma y seis meses de terapia intensiva que Renán sufrió en 1997, víctima de una repentina pancreatitis aguda.
En las tablas representó obras de Sergio de Cecco, Samuel Eichelbaum, Agustín Cuzzani, Harold Pinter, George Bernard Shaw, debutando en 1970 como director de teatro con una llamativa puesta de "Las criadas" a cargo de Héctor Alterio, Walter Vidarte y Luis Brandoni. Así fue alternando obras clásicas, avanzadas y más "accesibles", de Vitrac, Ibsen, Shaw, Delaney, Priestley, Schmitt, hasta su última puesta, una adaptación propia de la dramática "Incendios" de Wajdi Mouawad, temporadas 2013-2014. Un punto alto, su participación como actor y director durante los tres años de Teatro Abierto, que designó para diversos festivales su versión de "Concierto de aniversario", de Eduardo Rovner. También como actor y director, "La vuelta al hogar", de Harold Pinter, "Drácula", "M. Butterfly", "Hijos del silencio", y "Mi querido mentiroso", que llevó en gira con Norma Aleandro por 33 ciudades españolas a lo largo de 2004/5.
En televisión fue galán de novelas como "El amor tiene cara de mujer", 1964, y participó en especiales de María Herminia Avellaneda y Myriam de Urquijo. En 1970, el mismo año en que debutó como director de teatro, debutó como director de TV con el ciclo "Las grandes novelas", que se mantuvo durante tres años en el viejo Canal 7, ganando variedad de premios. En 1987 repitió la experiencia con otro suceso, "Ficciones", con peso en la literatura nacional. Buenas adaptaciones, repartos notables, dirección impecable y renovadora, respeto al televidente, esa era la fórmula.
En cine, después de "Pasó en mi barrio", actuó a las órdenes de Enrique Carreras, Manuel Antin, Osías Wilensky, Viñoly Barreto, Lucas Demare, Torre Nilsson, Mario Sabato, Raúl de la Torre, Eddie Calcagno, etc. Especialmente memorables, sus caracterizaciones de huérfano vengativo en "Castigo al traidor", saxofonista perdido en "El perseguidor", chanta en el Londres de "Somos los mejores", Rufián Melancólico de "Los siete locos" y paranoico en "El poder de las tinieblas", basado en el "Informe sobre ciegos", de Mario Sabato. Aparte, la escena donde hace de sí mismo frente a Ulises Dumont en "Los enemigos".
En 1974 debutó como director de cine, con "La tregua", que no solo fue un éxito nacional (más de 2.200.000 espectadores) y la primera película hablada en español candidata al Oscar, sino que todavía hoy es una obra de gran belleza y fuerza emotiva. Entre sus otras películas se destacan "Crecer de golpe", porque tanteó los límites de la censura, "Gracias por el fuego", "Tacos altos" y "El sueño de los héroes". Un mal sonido de origen afecta los alcances de "Sentimental. Requiem por un amigo", basado en una novela policial de Geno Díaz. Un cáncer de faringe condicionó el rodaje de la última, "Tres de corazones". Y la maledicencia izquierdista perturba el disfrute de su comedia "La fiesta de todos", ¿pero qué culpa tenemos, si el Mundial 1978 fue una auténtica fiesta popular? Graciosamente, en 1974 la Triple A lo había amenazado "por comunista".
La música estuvo al comienzo y al final. En 1984 debutó como regisseur en el Colón, con "Manon" de Massenet. Le siguieron las régies de "Rigoletto", "Otello", "Cosí fan tutte", "Las bodas de Figaro", "Don Giovanni". Su fama y habilidad para atraer nuevos públicos le condujeron en 1989 a la dirección artística y general del Colón, por invitación del entonces intendente Carlos Grosso. Dato curioso, Renán nunca fue peronista, pero un intendente peronista lo invitó a estar allí, donde hizo una gestión harto destacable, y un intendente radical lo sacó sin aviso previo en agosto de 1996. Por suerte, en octubre de ese mismo año asumió con rango de embajador el cargo de director general de Asuntos Culturales de la Cancillería. Asimismo dirigió el Fondo Nacional de las Artes (1998-2002), y, brevemente, otra vez el Colón (2000-2001).
De espíritu incansable aunque ya apoyado en un bastón, llegó a recibir homenajes en esa ciudad, Roma, Jerusalen, Huelva, Boston, Otawa, Madrid, Rio de Janeiro y por suerte también en Buenos Aires, donde fue declarado Ciudadano Ilustre en marzo del 2011. "Considerando mi impecable estado de salud, dentro de 50 años me distinguirán con el título de Anciano Pertinaz", bromeó en ese momento. No pudo ser. Pero, ayer, una declaración de duelo nacional no habría estado mal.


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