Rencoroso, Lula se sumó a la presión sobre Rousseff

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San Pablo - El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva se sumó ayer a las quejas contra el Gobierno de Dilma Rousseff, al defender la apertura de los archivos de la dictadura militar (1964-1985), tema que genera una fuerte polémica en el interior del oficialismo.

Lula, jefe histórico del Partido de los Trabajadores (PT) y el líder político con mayor llegada a las masas populares, entró en la disputa y cuestionó la decisión de frenar

la liberación de los documentos. «No existe nada eterno; el pueblo tiene que saber más», aseveró el exlíder sindical.

Estas declaraciones expresan un quiebre con respecto a lo manifestado por la nueva ministra de Relaciones Institucionales, Ideli Salvatti, al asumir el cargo el lunes pasado. La funcionaria, también de la agrupación oficialista, admitió que será necesario mantener en secreto los documentos de la dictadura, aunque el Gobierno se había comprometido a lo contrario.

Actualmente se tramita en el Senado brasileño un proyecto de ley que permite el

acceso de la población y de historiadores a documentos considerados como secreto de Estado y reduce el plazo en que rige el ocultamiento de estos papeles.

El proyecto ya fue aprobado por la Cámara de Diputados y limita a una única vez la posibilidad de renovación del plazo máximo del sigilo (25 años), con lo que documentos clasificados como muy secretos pueden perder esa condición a los 50 años (2014).

Giro

El Gobierno, que inicialmente defendía la difusión pública de los textos, actualmente es partidario de que el sigilo de algunos pueda ser renovado perpetuamente.

El Gobierno retiró el carácter urgente del tratamiento de esa ley por presiones de uno de los puntales de la coalición oficialista, el expresidente José Sarney (1985-1990), titular del Senado, del vasto PMDB.

De acuerdo con analistas, las declaraciones de ayer de Lula se vinculan con su molestia por la reciente reunión entre Rousseffy el expresidente Fernando Herique Cardoso (1995-2003) del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), con quien mantiene una tensa relación.

Este encuentro fue interpretado como un gesto de autonomía de Rousseff con su fundamental aliado en el Gobierno, en momentos en que se cuestiona su liderazgo y la falta de «cintura política» para negociar con sus socios legislativos.

«Por más que se diga lo contrario en el Gobierno, este tema (la apertura de archivos) causó fricciones. Es claro que la presidenta hizo o pretende dar un giro en sus posiciones históricas», afirmó el senador Cristovam Buarque, que integra el bloque de legisladores oficialistas.

El país nunca juzgó a los militares acusados de unas 300 desapariciones y de miles de torturas, bajo el amparo de la Ley de Amnistía dictada por el propio régimen militar en 1979, cuando gobernaba el dictador Joao Baptista Figueiredo.

En ese marco ayer se conoció que el abogado general de la Unión, que representa a la presidenta, se manifestó contrario a revisar la Ley de Amnistía.

El abogado general de la Unión, Luis Adams, recomendó al Supremo Tribunal Federal (STF) rechazar un recurso de la Orden de Abogados de Brasil para un nuevo juzgamiento de la Ley de Amnistía luego de un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en ese sentido.

Cuando Rousseff era jefa de ministros de Lula, hasta inicios de 2010, se había opuesto a que se convalidara la Ley de Amnistía en el STF. La norma dictada por Baptista Figueiredo en 1979 impidió causas contra los acusados de violar derechos humanos y a la vez abrió el camino para el regreso de los exiliados.

Las últimas decisiones del Gobierno sorprenden a los miembros del PT, sobre todo cuando repasan el pasado de Rousseff.

La mandataria combatió al régimen militar en una organización armada, tras lo cual fue presa durante casi tres años, hasta diciembre de 1972, lapso en el que fue torturada durante 22 días seguidos.

«Todos los países revisaron su pasado. Brasil no debe insistir en el error porque, si persiste, continuarán como continúan las ejecuciones policiales, los abusos en democracia», afirmó la titular del organismo Tortura Nunca Más Sao Paulo, Rose Nogueira, quien fue compañera de celda de Rousseff.

El comportamiento de la exministra de la Casa Civil dista del camino marcado por su padrino político. Aun así, Clovis Rossi, columnista de Folha de Sao Paulo, sostuvo que «es imposible un divorcio entre Lula

y Dilma, ya que tuvieron juntos un éxito colosal» y recuerda que el 64% de los brasileños respalda la participación del extornero mecánico en las decisiones de la mandataria. Al fin y al cabo, su delfín y posible trampolín para su regreso en las presidenciales de 2014.

Agencias ANSA y DPA

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