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Reservas BCRA: si no cambian modelo, sólo queda racionar
Enrique Szewach - Economista
La "solución" de este fenomenal desequilibrio externo, consecuencia de un gran desequilibrio interno, requería un cambio estructural de política fiscal y monetaria, para poder modificar la política cambiaria (cosa imposible a una velocidad de crucero de la inflación del 2% mensual), junto a un cambio en los incentivos de reglas y precios para los sectores productores de bienes transables, en particular en energía.
Por el contrario, el Gobierno decidió tratar el desequilibrio externo como si fuera un problema aislado del resto de la economía y producto, como siempre, de la conspiración de los medios, más los poderosos de aquí y de allá que, en palabras de la Presidenta, pedían "la devalueta".
Obviamente, lejos de solucionarse el problema se ha ido agravando. El cierre de la cuenta capital redujo sustancialmente la compra de dólares por atesoramiento a casi cero, pero también generó una fuerte cancelación de préstamos financieros y líneas de crédito del sector privado (En 2011 habían ingresado por este rubro más de 4.500 millones de dólares y en 2012 y lo que va de 2013 salieron casi 5.000). Mientras que la emisión excedente de pesos que nadie quiere, para financiar el déficit fiscal, y la percepción de que el precio del dólar oficial está "subsidiado" llevaron la brecha cambiaria al 60% y la cuenta de "servicios" que había sido casi neutra en el período 2008/2011 a un déficit superior a los 8.000 millones de dólares. Con exportaciones estancadas, e importaciones de energía crecientes, hay que racionar el giro de utilidades y el resto de las importaciones -lo que le pone un límite al nivel de actividad-. Mientras, hay que seguir pagando compromisos financieros (de privados y públicos) y cancelar deuda con bancos centrales y organismos multilaterales de crédito.
En otras palabras, la crisis del sector externo de 2008/2011 se ha prolongado en el tiempo, básicamente, porque sin una solución integral (sin cambio de "modelo"), lo único que se puede hacer es racionar las reservas existentes, para que "duren" lo máximo posible.
En ese sentido, las especulaciones de política, para después de las elecciones, giran en torno a terminar con parte de los "subsidios" que reciben hoy el turismo, algunas importaciones suntuarias y, eventualmente, los pagos financieros del sector privado. Se habla, entonces, de desdoblamientos cambiarios, aumentos de impuestos al turismo, etc., etc.
Es decir, "devaluetas" parciales o sectoriales, que concentren la entrega de reservas del Banco Central, básicamente, en importaciones imprescindibles y pagos de deuda externa del sector público.
Ello implica, para empresas e individuos, estrategias específicas, de acuerdo con cómo los afecten las restricciones y las devaluetas parciales. Lo mismo para inversores, dada la proliferación de instrumentos locales que "simulan" estar vinculados a la evolución del precio del dólar (algunos atados al "dólar exportador" y otros no) y la posible reacción del mercado de pesos, en un entorno como el descripto, en especial respecto de las tasas de interés locales, a medida que los "plazos políticos" se acorten.
Más racionamiento y devaluetas sectoriales pueden permitir que las reservas alcancen hasta 2015 sin una fuerte recesión, aunque sin una gran recuperación del nivel de actividad. Sin embargo, la combinación de cambios en el escenario externo (flujos financieros hacia la región, precios de los commodities y tasas de interés de largo plazo), juntwo a un contexto interno de transición política, podrían obligar a cambios anticipados en la política económica, ante la eventualidad de una caída de actividad mayor.
Postergar soluciones puede ser una buena alternativa para los que "se van", para los que vienen, y en especial para los que nos quedamos, nunca es bueno.


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