18 de octubre 2010 - 00:00

Respira Dilma: el ecologismo al final no apoyará a Serra

Marina Silva y otros dirigentes del Partido Verde muestran sus tarjetas de identificación en el marco de la convención del Partido Verde. Por presión de la ex candidata presidencial, la agrupación dio marcha atrás de su pretensión de llamar al voto por José Serra y se declaró prescindente.
Marina Silva y otros dirigentes del Partido Verde muestran sus tarjetas de identificación en el marco de la convención del Partido Verde. Por presión de la ex candidata presidencial, la agrupación dio marcha atrás de su pretensión de llamar al voto por José Serra y se declaró prescindente.
San Pablo - El Partido Verde de Brasil, tercero en las elecciones del 3 de octubre con el 19% de los votos, decidió ayer en su convención nacional no respaldar a ninguno de los candidatos en la segunda vuelta del domingo 31 que debe definir el presidente del país.

La decisión del PV obliga a la oficialista Dilma Rousseff y al opositor José Serra a buscar voto a voto los casi 20 millones de sufragios que logró la candidata verde, Marina Silva, en la primera vuelta. Con todo, dada la afinidad entre el ecologismo y el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) de Serra, la declaración de neutralidad impulsada por Silva, afiliada por treinta años al Partido de los Trabajadores, es una buena noticia para el oficialismo.

Antes de que se adoptara la decisión plenaria, la misma Silva había adelantado su postura de neutralidad, y después una abrumadora mayoría se pronunció por la independencia, mientras apenas 4 convencionales pretendieron que el partido definiera respaldos.

«El voto es secreto y voy a mantener ese derecho que tengo. Voy a promover el debate para que el electorado brasileño elija lo que es mejor para Brasil. No es de neutralidad, es independencia, porque el partido permite que cada uno apoye a cada candidato, pero no como integrante del partido», explicó Silva en una conferencia de prensa.

El derrotado candidato del PV a la gobernación de Río de Janeiro, Fernando Gabeira, adelantó en cambio su voto a Serra, del PSDB, y otra figura partidaria, el ex ministro de Cultura de Lula Gilberto Gil, anunció en cambio su apoyo a Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT).

«No me estoy lavando las manos. Puedo mirar a Dilma y a Serra y reconocer cualidades, compromisos con los avances de los últimos 16 años en Brasil, compromiso con mejorar al país», remarcó Silva en su encuentro con la prensa.

En la primera vuelta, el 3 de este mes, Rousseff obtuvo el 46,9% de los votos y Serra el 32,6%. La última encuesta de Datafolha mostró un 54% de intención de voto para la ex jefa de ministros de Lula contra el 46% del ex gobernador de San Pablo. Otros sondeos reducen la ventaja a 6 y hasta 4 puntos.

Según Datafolha, el 55% de los votantes de Silva respalda a Serra a dos semanas de las elecciones presidenciales.

Silva fue fundadora del PT en el estado amazónico de Acre en los 80, pero abandonó el partido de Lula da Silva en 2009, un año después de haber dejado el Gobierno por diferencias con el propio presidente, que le quitó el control exclusivo del Plan Amazonia Sustentable.

La ex candidata verde condenó la «dualidad destructiva» entre el PT de Lula y el PSDB del ex presidente Fernando Henrique Cardoso y la comparó con la disputa entre republicanos y monarquistas del período imperial. «No hay democracia solamente con dos opciones; sólo existe con una tercera vía», evaluó.

Desde que se supo el resultado del 3 de octubre, el apoyo de Silva es abiertamente disputado por Dilma y Serra, quienes consideran que los votos verdes serán decisivos en el balotaje y hasta mandaron cartas a la ex candidata verde para invitarla a buscar coincidencias programáticas.

Silva también dijo que defiende su fe religiosa -es evangélica-, pero no para usarla como arma electoral, en lo que pareció una respuesta también a los medios que interpretan que la cuestión del aborto fue colocada por los evangelistas que la respaldaron y ahora se inclinan por Serra.

La cuestión del aborto se mantuvo ayer en el centro de la escena, porque el comando de campaña de Serra negó que la esposa del ex gobernador de San Pablo, la ex bailarina chilena Mónica Allende, se hubiera sometido a un aborto en los 70, como contó una ex alumna de la mujer.

«Mónica Serra nunca se hizo un aborto», afirmó un comunicado del PSDB, en réplica al diario Folha de Sao Paulo, que el sábado citó palabras de una ex alumna de Allende, que reveló que en 1992 la esposa de Serra contó que se hizo un aborto cuando ambos tuvieron que escapar de Chile hacia el exilio en Estados Unidos.

La ex alumna Sheila Ribeiro contó a la prensa este hecho «indignada» porque Serra y su esposa sostienen que la candidata oficialista, Rousseff, despenalizará el aborto.

No fueron los únicos capítulos del fin de semana vinculados a las cuestiones religiosas en medio de la campaña: por un lado, se conoció que un obispo mandó a imprimir 2 millones de panfletos que piden no votar a Rousseff; y por el otro, un cura suspendió una misa en Ceará porque dentro de la iglesia había otros volantes también contrarios a la postulante del PT.

El pedido de volantes antioficialistas fue del obispo Luiz Gonzaga Bergonzini, de Guarulhos, segunda ciudad más poblada del estado de San Pablo. Para el religioso, la plataforma del PT incluye la legalización del aborto, algo que la misma candidata descartó.

Los panfletos llevan la firma de la Regional Sur I de la Confederación Nacional de Obispos de Brasil (CNBB).

Agencias ANSA, DPA y Reuters

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