Ricardo Garabito, o la mirada novedosa sobre lo cotidiano

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“La simple complejidad de la pintura” reafirma la calidad pictórica de este artista secreto, y de culto.

En el Espacio de Arte de la Fundación OSDE hay un refugio para resguardarse de tanta parafernalia interactiva ya que la consigna en estos últimos tiempos es que la gente debe experimentar al mismo tiempo que los artistas, o crear algo en un sitio-específico, todo combinado con performances en las que el cuerpo, protagonista o complemento, repta por los suelos y las paredes con música de percusión a todo volumen, por sólo comentar algunas de estas propuestas.

Este refugio lo brinda la muestra de Ricardo Garabito (Trenque Lauquen, 1930) desde donde llegó a Buenos Aires cuando tenía 18 años. Asistió al taller de Horacio Butler que, según se desprende de una conversación con Victoria Noorthorn en el libro publicado por El Ateneo en paralelo con su exposición retrospectiva en Bellas Artes en 2007, le contagió el ser demasiado exigente consigo mismo. Otro artista al que frecuentó fue Ludovico Casagrande, que tenía una casa en el Delta donde se reunían a pintar con sus compañeros de acuarela de la Asociación Estímulo. Le interesaban artistas como Lacámera, Victorica, Del Prete, Cogorno y, por supuesto, Picasso, Matisse y Bonnard, que formaron parte de su aprendizaje.

"La simple complejidad de la pintura", bajo la curaduría de Gabriela Vicente Irrazábal, reúne alrededor de 70 pinturas y algunos dibujos que reafirman la calidad pictórica de este artista secreto, que aparece de vez en cuando, y que nunca se enroló en tendencia alguna; como lo señaló Samuel Paz, "siempre se ha mantenido en una especie de terquedad, en su línea. Y eso lo ha aislado y conformado en una individualidad mayúscula".

Si bien su taller ha sido y sigue siendo su refugio, hubo un período entre los 60 y 70 que tuvo gran visibilidad: participaba en los grandes premios del momento, exponía en el exterior y su obra está en importantes colecciones públicas y privadas de nuestro país y del exterior. En 2014 donó alrededor de 30 obras al Malba. Una de las obras incluidas en la muestra es "Naturaleza muerta con desnudo" (1965), en ese entonces con empastes que más adelante no se volverían a ver, anuncia lo que Manuel Mujica Láinez señaló: "Comenzó a mirar alrededor y a comprender. Vio lo que lo rodeaba, pictóricamente. Todo, la gente, los objetos, las flores, ingresaron a su pintura: los seres simples del barrio, los novios, las muchachas".

Los títulos son directos: "Tinaja negra con tres naranjas", "Dos hombres de pie con zapatillas rojas", "Hombre en el nicho", "La bala", "Bolsa negra con tres naranjas", "Chapa", "Tarro de duraznos", "Paquete de yerba". Pero de estos simples objetos en los que también hay baldes de plástico, botellas, manteles, emana un cierto misterio, objetos a los que ni siquiera nos detenemos a mirar pero que, en su paleta, se convierten en centrales.

La comunicación con el contemplador se establece de manera instantánea; tienen sus retratados un aire porteño, una presencia que los identifica, la atmósfera del espacio donde se encuentran ejerce una suerte de magia, ya sea por el color, la luz, la destreza de su quehacer. Garabito no apela a rebuscados artilugios, presenta sus temas de manera frontal pero toda esta aparente literalidad es inquietante. Clausura el 13 de octubre (Suipacha 658, Lunes a sábado de 12 a 20).

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