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Riesgosa búsqueda de Mariano Otero
Con R. Flores, R. Domínguez, V. Skorupsky (saxos), J.C. de Urquiza (trompeta), J. Canosa, P. Fenoglio (trombones), P. Carpossi, M. Tarzia (guitarras), H. Jacinto (teclado) y A. López (batería). Invitados: S. Wagner (fliscorno) y A. Zucker (voz). (Teatro ND/Ateneo; 1 de octubre).
Mariano Otero tiene muchos años de formación, montones de proyectos diferentes y varios discos publicados dentro del jazz argentino. Premiado, reconocido por sus colegas y por la crítica, convocado a participar de planes de otros músicos, el contrabajista y compositor logró convertirse en referente en un rubro que ha crecido mucho en los últimos años en nuestro país.
Pero parece que quiere investigar por otros mundos. Eso sugiere su último disco «Rojo»; y más aún en el que fue su concierto presentación sobre el escenario del ND/Ateneo. Como tantas otras veces, el músico se puso al frente de una formación numerosa. Dos trombones, trompeta, tres saxos, teclado, dos guitarras, batería y su bajo le dan un panorama amplio de posibilidades. Pero ya no utiliza ese variado instrumental con sentido de «big band», ni es la improvisación un aspecto saliente de su propuesta, y ni siquiera sigue utilizando el contrabajo acústico que ha reemplazado completamente por un par de diferentes modelos de bajos de mano eléctricos.
También cambió la música y el centro está ahora puesto en la canción. Con letras o sin ellas, con las voces de los invitados especiales -en el disco estuvieron Liliana Herrero y Luis Alberto Spinetta; en el vivo, la cantante Ayelén Zucker- o con la no muy agraciada del propio Otero, con mucho de sonido «funk», con algunas escapadas jazzísticas en las improvisaciones siempre virtuosas del trompetista Juan Cruz de Urquiza, con una versión libre de un tema de Bob Marley, con alguna pieza nueva todavía no editada, como la dedicada a sus hijos, el ND/Ateneo recibió un material que sin dudas se instala ya en otra batea de la disquería, más cercana al pop o al rock.
La tarea que se impuso el músico no es sencilla. Cambiar de eje siempre implica riesgos y, por el momento, Otero está pagándolo con un discurso que no logra la contundencia que venía teniendo su trabajo anterior. Pero siempre es saludable la búsqueda, por lo que vale la pena esperar para ver cómo termina de acomodarse esta nueva historia.


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